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Artículo publicado en el Boletín del Satyam Group, Julio-Agosto del 2016

La sabiduría nos dice que la distribución de nuestro tiempo es importante para nuestro proceso. 
Un cierto programa diario a seguir es útil para el practicante, ya que mantiene un orden en nuestra vida y facilita que la personalidad colabore. 
La rutina diaria (Sadhana) refuerza nuestra voluntad y nos provee de la motivación necesaria para seguir avanzando en nuestro camino y obtener las realizaciones que evidencian la belleza del sendero yóguico y en consecuencia, iremos incrementando las actividades que facilitan nuestra armonización. 
El yoga es una estado de paz, si aspiramos a alcanzarlo, debemos realizar la mayor cantidad de actividades que nos conduzcan a experimentar en nosotros la paz. 
Deberíamos tener un tiempo para descansar, un tiempo para cumplir con la familia, un tiempo para trabajar, un tiempo para meditar, un tiempo para estudiar y un tiempo para el servicio. Cuando el estudiante siga este Sadhana diario no necesitará de ciertas costumbres sociales para “compensar” el desgaste de ciertas obligaciones sociales como por ejemplo nuestro trabajo. Debido a que encontrará el equilibrio en las prácticas yóguicas, experimentando cada vez más intensamente su paz interior.

Sadânanda S.S.

Artículo publicado en el Boletín del Satyam Group, Junio del 2016

AHIMSA

Himsa significa dañar o herir. Ahimsa significa No dañar o No herir. Pero se traduce como inofensividad, aunque la traducción más conocida es “No violencia”. El yogui es aquel que está situado plenamente en la cualidad de Ahimsa, tal y como se menciona en los principales textos y enseñanzas. 

La sabiduría nos dice que no hay virtud más elevada que la inofensividad.

A menudo se interpreta como la ausencia de dañar físicamente a los demás. Y en este punto muchos se quedan tranquilos y se relajan, dado que físicamente no se comportan de manera violenta ni agresiva con los demás y por lo tanto consideran que ya son practicantes de ahimsa. Herir físicamente es la forma más burda de himsa. Pero la inofensividad va mucho más allá del ámbito físico. 

Podemos dañar y herir con la palabra, con el pensamiento y con determinadas acciones y con determinadas inacciones. Manipular, imponer, mentir, engañar, también son ejemplos de himsa. Por consiguiente no dañamos físicamente pero consciente o inconscientemente herimos a nivel emocional y mental. Muchas veces las heridas en estos niveles son más crueles que las físicas. 

El que vive en la inofensividad vive desde el amor, es un ser amoroso y respetuoso con todos los seres de la naturaleza (animales, vegetales y minerales). El que vive en la inofensividad vive plenamente en paz y esa paz se transmite en su entorno. ”

Sadânanda S.S.

Artículo publicado en el Boletín del Satyam Group, Mayo del 2016

“Tapas se traduce como el “deseo ardiente”, significa el anhelo inalterable y sincero por lograr la autorrealización o el estado de yoga. Se refiere al impulso interno que provoca un verdadero y fuerte interés para mejorar, para conocer, para ser nosotros mismos.

Yoga es un camino evolutivo, quiere decir que en cada paso hay una evolución y que el aspirante disfruta del trayecto sin estar supeditado a conseguir el Samadhi (estado más elevado de yoga); los pequeños avances son grandes transformaciones, lo importante es centrarse conscientemente en el recorrido que se está realizando.

Tapas nos da la determinación y la energía necesarias para mantenernos en el sendero del yoga, ya que el proceso no es corto y nos encontraremos con distintas y variadas etapas. Nos da la fuerza para no abandonar en los momentos menos agradables y la tranquilidad en los momentos más agradables. Siempre manteniendo el entusiasmo y la alegría, en la práctica, en el estudio y en la vida. 

El deseo ardiente no nace del cuerpo de deseos sino de lo más profundo de nuestro interior, por ello debemos dejar que se manifieste y mantener su llama siempre viva. No permitamos que el viento de la personalidad apague esa llama.”

Sadânanda S.S.

Artículo publicado en el Boletín del Satyam Group, Abril del 2016

El yogui es aquel que vive siempre según la disciplina del yoga hasta el punto de que toda su vida es yoga. En la práctica y en el aprendizaje de la sabiduría el yogui encuentra el verdadero sentido de la vida. Por lo tanto, él vive el yoga durante todo el día y en todas las actividades diarias. 

El yoga nos enseña a experimentar cada momento de nuestra vida con consciencia y plenitud, nos enseña a vivir en la sociedad sin que la vida material nos cautive, nos enseña a aprovechar nuestra vida en todas sus facetas, nos enseña a vivir todas las experiencias que nos llegan sin rechazarlas porque forman parte de nuestro historial, nos enseña a no huir de la vida sino a vivir la vida. Todas estas enseñanzas se alcanzan cuando aprendemos a mantenernos siempre en la consciencia de quien somos. 

El yoga no exige abandonar nada en nuestra vida, ni obligaciones, ni tareas, ni responsabilidades, ni profesión, ni familia, ni actividades sociales, etc. El yogui consigue realizar todas esas funciones desde su centramiento, viendo el trasfondo de todo y desde la consciencia Una. 

Podemos charlar con los amigos, compartir una comida, jugar al fútbol, pasear por la playa, ir de compras, ir al cine, etc., pero sin olvidar quién somos y ofreciendo un poco de luz a esas actividades. 

Cuando decimos que “no tenemos tiempo”, en realidad estamos diciendo que nos hemos olvidado de quién somos, que hemos olvidado el yoga y que hemos olvidado el sentido de nuestra vida. Observemos que, aunque estemos muy ocupados, nunca nos olvidamos de comer ni de respirar. Obviamente porque son aspectos fundamentales de nuestra vida. 

Para el yogui el yoga es su forma de vivir, su forma de estar en este mundo, el camino para vivir la vida, el sentido de su existencia.

Sadânanda S.S.


Artículo publicado en el Boletín del Satyam Group, Marzo del 2016

El yoga es un camino de transformación, un viaje en el cual mejoramos nuestra vida personal y la relación con nuestro entorno. Es un proceso alquímico por el cual el ser humano deviene un ser divino. La mutación sucede en todos los cuerpos del yogui, surgen cambios tanto en la manera de sentir, de ver, de hacer, de hablar, de comunicarse, de alimentarse, de percibir la vida, etc. El yoga nos enseña a liberarnos de las limitaciones de la vida material para experimentar la grandeza de la vida desde el Ser.

Así como la oruga deviene mariposa. Pasa de ser un Ser con poca movilidad, con una visión reducida del mundo y muy sujeto a la tierra, a ser un Ser ligero, bello, con gran movilidad, con un visión más amplia del mundo, puede estar en la tierra y en el cielo. En la sabiduría yóguica se habla de la transformación de una serpiente en un águila. El yoga es la metamorfosis que nos permite pasar de la infelicidad a la felicidad, de la insatisfacción a la satisfacción, del desequilibrio al equilibrio, del vacío a la plenitud.

Sadânanda S.S.



Artículo publicado en el Boletín del Satyam Group, Febrero del 2016

Saber perdonar se hace necesario e imprescindible si decididamente estamos interesados en ser personas equilibradas. 

El no perdonar, en realidad, provoca desajustes en los campos emocional y mental que nos perjudican y dificultan nuestra paz personal.

Una de las premisas para perdonar es aceptar que las cosas no ocurren por “casualidad” sino por “causalidad”. Cuando no aceptamos ciertas situaciones, originamos juicios y culpables, que en el fondo provocan lazos energéticos en el cuerpo emocional que hacen que estemos más atados a esas personas, creencias, cosas, etc. que nos hirieron. Saber perdonar nos libera de esas ataduras inconscientes y nos permite la desconexión. Con lo cual, nos liberamos de cargas innecesarias. 

Otro aspecto que nos permite perdonar es el Amor. Cuando nos situamos en el Ser experimentamos Amor, desde esta consciencia no responsabilizamos a nadie ni a nada, solo dejamos que el amor fluya y perdone sin crear heridas, debido a que la energía del Amor es más fuerte que la energía emocional y los pensamientos negativos. Su luz es inclusiva, refugia y cobija todo lo que está a su alcance.

Sadânanda S.S.


Artículo publicado en el Boletín del Satyam Group, Enero del 2016

La experiencia del Ser es atemporal. Cuando estamos en la personalidad existe el pasado, el futuro y el presente. Desde el Ser no estamos bajo la influencia del tiempo. Cuando decimos que vivimos en el presente también estamos bajo la influencia del tiempo. Si digo que estoy viviendo en el presente, ¿a qué me estoy refiriendo? Si quiero decir que vivo al día, y lo digo al mediodía, la madrugada ya forma parte del pasado y el atardecer aún es el futuro. La consciencia del aquí y ahora cambia constantemente. La inhalación que precede a la exhalación ya es pasado y la inhalación que vendrá aún es futuro. Cuando conectamos con el Ser, sólo existe la experiencia del Ser. El Ser es impersonal, no es ni masculino ni femenino, no tiene forma ni idiosincrasia. En este nivel experimentamos la verdadera felicidad que es la experiencia de la plenitud. Asociamos la felicidad con un estado emocional o mental determinado, pero la verdadera felicidad no está relacionada ni con el plano emocional ni con el plano mental ni con ninguna sensación física. La experiencia del Ser es un estado donde no necesitamos nada ni nos sobra nada, es un estado de integridad total en el que percibimos la existencia pura.

Sadânanda S.S.



Artículo publicado en el Boletín del Satyam Group, Diciembre del 2015

El verdadero aspirante no está pendiente del avance de su proceso personal. Estamos demasiado acostumbrados a medir y valorar las cosas en función de lo que consideramos éxito o fracaso, o en función de conseguir un objetivo o un resultado. El camino del yoga se debe vivir desde otros parámetros, como indican todas las enseñanzas. No se trata de estar pendientes de lo que vamos consiguiendo, sino de lo que estamos haciendo. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Quién quiere el éxito y para qué? Es el ego el que desea conseguir cosas y éxito y busca el reconocimiento. Es el ego el que se enorgullece y el que se frustra o deprime. El Ser encuentra la plenitud en la expresión de sí mismo. 

Lo importante para el yogui/yoguini es mantener la llama interna que nos mantiene en el camino, procurando que nunca se apague, protegiéndola de los vientos y las mareas de la personalidad. Es la conexión con nuestro Ser la que nos da la consciencia necesaria que nos permite vivir en la verdad y nos aleja del mundo de las apariencias y de la falsedad. Cuando vivimos alineados con el Ser, no tenemos la necesidad de esconder aquello que no nos gusta de nosotros y mostrar aquello que queremos que los demás valoren de nosotros, sino que nos aceptamos tal como somos y actuamos en consecuencia, sin buscar la valoración y el reconocimiento de los demás, somos claros y honestos. 

No obstante, hay algunos aspectos que nos indican que estamos avanzando en nuestro proceso evolutivo, como por ejemplo:

• Nuestra vida se simplifica y nos volvemos más sencillos.

• Nos preocupamos más por los demás que por nosotros mismos.

• Nos sentimos más integrados en el grupo y surge la necesidad de trabajar para el bienestar del grupo.

• Aumenta nuestra comprensión de la sabiduría.

• Encontramos el gusto por la práctica y el estudio.

• Nos sentimos siempre conectados con el Maestro.

Sadânanda S.S.


Artículo publicado en el Boletín del Satyam Group, Noviembre del 2015

El propósito de la vida es experimentar nuestra verdadera realidad, aquello que somos.

Desde el mundo mundano el propósito de la vida se base en el tener y no en el ser. Se considera que uno triunfa cuando tiene una buena carrera, una buena posición social, un buen sueldo, una casa bonita, etc. ... tener y tener.

El hombre común sacrifica mucho tiempo personal y familiar, gasta cantidades considerables de dinero y dedica mucho esfuerzo para obtener una vida exitosa, siempre según los patrones del mundo material, con el objetivo de llevar una vida feliz.

Pero la realidad es que no hay éxito mundano, ni dinero, ni posición social que garantice la felicidad.

Generalmente la abundancia material tiene la contrapartida del vacío interior.

Lo que da sentido a nuestras vidas es la conexión con nuestro Ser y con el aspecto divino de nuestro Ser. En esta conexión el ser humano encuentra la alegría de existir, obtiene la luz y la claridad para entender, asimilar y manifestar la sabiduría, vive como alma y experimenta la vida desde la profundidad, comprendiendo como funciona la existencia y viviendo en armonía con su entorno. Mientras que el hombre mundano se aleja de la realidad el yogui camina y vive para conectar con la verdad, la experimenta y alcanza la realización.

Nuestro Ser es paz, luz, amor, armonía y plenitud, por lo tanto en la conexión con nuestro Ser encontramos la felicidad real y duradora.

Este es el auténtico propósito de la vida, experimentarnos y experimentar lo divino en nosotros.

El hombre busca la felicidad y la libertad pero cada vez es más infeliz y más esclavo.

El ser realizado que vive en la plenitud es autosuficiente y autosatisfecho, no necesita del mundo material para ser feliz, no obstante sabe utilizar adecuadamente las cosas materiales para mantener el cuerpo físico en las condiciones óptimas que le permitan manifestar y transmitir la plenitud.

Como dicen los maestros, la vida humana es demasiado valiosa para que la desperdiciemos gastando tiempo, dinero y esfuerzo en obtener cosas que no nos vamos a llevar con nosotros en el momento de la muerte. Mejor dedicarnos a alcanzar todas aquellas experiencias y realizaciones que se irán con nosotros cuando dejemos el cuerpo físico.

Sadânanda S.S.

Artículo publicado en el Boletín del Satyam Group, Octubre del 2015

DETERMINACIÓN

El yoga es el proceso por el cual nos elevamos del nivel humano al nivel divino. Para ello es necesario tener una firme determinación. Cuando previamente uno siente el impulso de mejorar su vida, de querer evolucionar, de buscar el equilibrio y encontrar la felicidad, el siguiente paso a ese impulso inicial es la determinación clara para seguir tal camino.

Una vez un aspirante fue a visitar al Maestro y le expuso que quería ser su discípulo y vivir con él en su ashram para seguir el camino del yoga. El Maestro le cogió su cabeza y la sumergió en un cubo de agua durante unos instantes. Después le preguntó qué es lo que estaba deseando con más fuerza durante el rato que tuvo la cabeza sumergida, el aspirante respondió, respirar. El Maestro continuó: “cuando sientas que quieres seguir el sendero del yoga con la misma fuerza, intensidad y prioridad que cuando querías respirar, vuelve a mí”.

Algunos maestros exigen a los aspirantes que sean realmente determinados para aceptarlos en su ashram o como discípulos, porque saben que sin determinación no hay avance, ni cambio, ni aprendizaje, ni experiencia.

El conocimiento del yoga es transformador y por lo tanto muy poderoso, esa es la razón por lo que antiguamente la ciencia yóguica se transmitía solo de maestro a discípulo, con lo cual no era accesible a cualquiera. Los maestros solo enseñaban la sabiduría a aquellos discípulos preparados. Debido a que hay ciertos conocimientos que en manos de personas poco preparadas son contraproducentes, es decir, producen la reacción contraria a su finalidad.

Los aspirantes que gozan de determinación son capaces de asimilar, aprender y experimentar el conocimiento y consiguen ser discípulos.

La determinación permite al aspirante superar todas las pruebas que le van llegando, nada ni nadie le desvía del camino elegido, no abandona, no retrocede, sigue adelante paso a paso, practicando las enseñanzas de su maestro, aprendiendo de él con dedicación, logrando la pureza necesaria que lo sitúe en el corazón, y en ese nivel deja de ser vulnerable a las limitaciones de la mente.

La verdadera determinación desarrolla habilidades, motivación, entusiasmo, fuerza, claridad y lleva implícita la sinceridad, honestidad y coherencia con uno mismo, imprescindibles en el proceso evolutivo.

Podemos leer las vidas de los grandes maestros y maestras y observaremos su gran determinación en seguir el sendero del yoga.

Sadânanda S.S.


Artículo publicado en el Boletín del Satyam Group, Septiembre del 2015

Para el yogui/yoguini el cuerpo es su templo, dentro de cada templo se encuentra el "santa santorum" que se traduce como " lo mas santo de lo santo"Es el lugar mas sagrado se los templos y se ubica en la part mas interior donde se encuentra la divinidad. En muchos templos indúes existe un largo recorrido desde la entrada del templo hasta el Sancta Sanctorum, simbolizando el lugar más sagrado se encuentra en nuestro interior donde reside el alma.

Como practicantes de yoga tenemos que cuidar nuestro cuerpo como nuestro templo y mantenerlo en las mejores condiciones de limpieza pureza, si queremos encontrar el camino que nos lleva al Sancta Sanctorum.

Un aspecto imprescindible es la alimentacion que ingerimos, hay alimentos que densifican el cuerpo y hay alimentos que lo utilizan, por eso el yoga aconseja alimentos puros o Sattvicos, como cereales frutas y vegetales.

Cuando se tiene el cuerpo denso predominan los centros inferiores y la consciencia esta orientada hacia lo material,con lo cual no hay interés en entrar en el templo. La alimentación sattvica facilita el despertar de la consciencia, permite tener acceso al punto más profundo de nuestro interior y nos da la capacidad de absorber energías superiores. Son totalmente desaconsejables alimentos animales, ya que no podemos tener un templo en condiciones si es mantenido me diente sangre y sufrimiento. Todo alimento animal es obtenido por medio del padecimiento, agonía y la muerte.

¿Que necesidad tenemos de crear sufrimiento cuando la naturaleza nos ofrece muchos productos sin causar daño y dolor?

¿Como podemos conectar con nuestro espíritu cuando nuestra consciencia esta impregnada de angustia y violencia?

El alma es amor. El amor nos conduce a la compasión y al respeto. Como dice el Bagavad Gita, el yogui ve el alma de todos los seres por que el vive desde su alma. Desde esta perspectiva es imposible crear violencia y sufrimiento a los demás seres. Por eso se alimenta de alimentos que faciliten eldesarrollo de una consciencia elevada y una inteligencia superior para vivir en armonia, equilibrio y amor. Tal es el camino del yoga.


Sadànanda S.S.                                                                
  

Artículo publicado en el Boletín del Satyam Group, Julio y Agosto del 2015

Conocernos a nosotros mismos es imprescindible para entendernos y entender a los demás. Lo primero que debemos hacer es ser conscientes de que para que tengamos una verdadera transformación en nosotros debemos cambiar nuestra forma de pensamiento. Lo que pensamos se manifiesta tarde o temprano. Lo que pensamos es una información que se almacena en el subconsciente y actuamos y nos comportamos según esa información.

Si pensamos que tenemos salud, tendremos salud; si pensamos que tenemos mala suerte, nos sucederán desgracias; si decimos “no tengo tiempo”, no tendremos tiempo para hacer las cosas importantes, etc.

El subconsciente no tiene la capacidad de decidir, ni tiene opinión propia, ni sabe si un pensamiento es positivo o negativo, su función consiste en ordenar y aplicar la información que dispone. Con el tiempo los pensamientos que se van almacenando en el subconsciente pasan a ser una convicción, con lo cual actuaremos según esas convicciones y nuestra voluntad estará condicionada por esas convicciones. Por la ley de la atracción nos irán llegando situaciones, cosas y personas de acuerdo al tipo de voluntad y convicciones que tengamos arraigadas.

San Pablo dijo: “Somos transformados por la renovación de nuestras mentes”. Mediante la meditación y la oración podremos realizar en nosotros esta renovación. Nuestras vidas no han sido creadas para ir balanceándolos de una circunstancia a otra, sino para seguir con valor, determinación y discernimiento el viaje hacia nuestro verdadero ser

Sadânanda S.S.    


Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Junio del 2015

El estudiante de yoga tiene que estar dispuesto a aprender, si quiere realmente progresar. Madame Blavatsky habla de la necesidad de que el estudiante tenga una “Mente Abierta”, ello significa que uno debe trascender sus prejuicios y conceptos preconcebidos, que son los aspectos de la mente que le condicionan y limitan. Adoptar una mente abierta es justamente estar libre de toda influencia egoica y saber situarse en el corazón, para que sea el Ser el que reciba la enseñanza. El Ser tiene la capacidad para entender y aprender el conocimiento y es, una vez que se aprende desde el Ser, cuando la mente llega a comprender la sabiduría.

Pretender asimilar la sabiduría desde la mente es como querer mezclar agua con aceite. La mente no entiende y malinterpreta el conocimiento, lo tergiversa y transforma de tal manera que acaba modificando su mensaje, adaptándolo a los intereses de la personalidad.

Los maestros ofrecen las instrucciones necesarias para que el estudiante aprenda y progrese, mediante la reflexión y la práctica, y este llegue a realizar en su propio Ser aquello que los maestros han enseñado.

Cuando el estudiante se rebela, se irrita, critica y tiene la necesidad de justificarse ante las enseñanzas recibidas, muestra que no ha conseguido una mente abierta. Consecuentemente, no entiende que los maestros siempre actúan desde el Amor y nunca pretenden ofender ni subestimar a los estudiantes, todo lo contrario, se entregan totalmente a ellos desde el servicio amoroso para que estos progresen y alcancen la realización. Es por esta razón que los verdaderos estudiantes manifiestan un sincero respeto y consideración hacia los maestros o instructores.

Todo progreso implica una purificación de los cuerpos inferiores encontrando una resistencia de estos ante tal limpieza. Por ello es importante que el estudiante esté preparado para tal mutación, y se sitúe en el corazón ya que es el lugar donde se encuentran la fuerza y motivación necesarias que harán posible el verdadero cambio.

Sadânanda S.S.
                                                         

     Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Mayo del 2015

SUBJETIVIDAD Y OBJETIVIDAD

El lenguaje, los valores y la experiencia de la subjetividad (vida interior-ámbito del Alma ) no tiene nada que ver con los códigos, las predilecciones y la visión de la objetividad (vida exterior-ámbito material). El yogui sabe vivir en la objetividad des de la subjetividad. Para el la objetividad es solo un medio efímero y circunstancial para que su ser pueda desarrollarse y expandirse, y la subjetividad es su hábitat natural, donde se siente cómodo, fuerte, y feliz. El hombre mundano vive en la objetividad y no conoce a subjetividad. Por lo tanto, el proceso evolutivo consiste en llegar a la subjetividad y situarnos en ella. No sólo buscar experiencias ocasionales y esporádicas, ya que será insuficientes para alcanzar la verdadera transformación. El cambio se produce cuando logramos situarnos en la subjetividad y es desde este ámbito que dirigimos nuestra vida.

Desde la subjetividad sabremos apreciar y reconocer la sabiduría y a los sabios, sabremos discernir entre las actividades, lugares y personas y personas que nos pueden ayudar en nuestra evolución y aquellos que nos aleja y nos dificulta nuestro proceso. Si a un mono le damos un millón de euros en billetes, no le dará el mismo valor que nosotros le damos por que el dinero no entra en su lenguaje,por lo tanto no le va hacer ele más mínimo caso. Lo mismo ocurre con el hombre mundano en referencia a la sabiduría, a las practicas espirituales y los maestros, no puede apreciarlos por que no dispone del conocimiento ni de su significado y por consiguiente no entra entre sus necesidades ni preferencias. 

Sadânanda S.S.                                                  
Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Abril del 2015

TRIPULACIÓN

El proceso evolutivo es un bonito viaje que va desde la forma al Espíritu, es una fascinante transformación de nuestra existencia en la cual pasamos de vivir bajo la autoridad de la mente a la guía y tutela del alma. Digamos que llevamos a cabo este viaje en un barco, en el cual suben todos los que aspiran a adentrarse en las mareas y profundidades del océano de la metamorfosis espiritual, un mágico recorrido del cual obtendremos grandes experiencias y realizaciones.
El primer requisito es que todos los que suben al barco tienen que ser conscientes de que forman parte de una misma tripulación, no hay pasajeros sino navegantes. Todos están juntos en este viaje, ello implica un trabajo conjunto de coordinación, colaboración y entrega para que la navegación sea eficaz. No puede haber individualidades a bordo, las individualidades llevan al conflicto, ocasionan dificultades e impiden superar las adversidades que aparecen durante la travesía, y condicionaran el buen rumbo. Hay que actuar desde la consciencia colectiva entendiendo que las acciones individuales forman parte del engranaje colectivo. Sentirse un “tripulante” significa que no priorizaremos la forma o la apariencia, abandonando las definiciones características del cuerpo: alto/bajo, simpático/antipático, hombre/mujer, color de la piel, etc. Dejando de lado ciertos hábitos mentales que nos caracterizan, como nuestros puntos de vista, ideas, creencias, etc. Son conceptos que crean diferencias y distancias.
Hay que enfatizar en el interés colectivo, que es navegar e ir en la dirección correcta, esa es la razón por la cual se ha creado justamente la misma colectividad. No puede haber avance desde la individualidad. Subirse al barco del yoga representa ser capaces de traspasar las limitaciones de nuestra mente. Ser espiritual lleva implícito ser impersonal, porque es desde la impersonalidad desde donde podemos experimentar la Existencia Una, la Vida, lo Divino.
Por otro lado, en este barco debe haber algún marinero experimentado que sepa interpretar las cartas de navegación, que conozca el funcionamiento del barco y que sepa llevar el timón en la dirección adecuada, por lo tanto existe un factor de gran importancia y que procede como denominador común en todos los tripulantes, que es la confianza en el conductor, en su experiencia y guía, dado que todos están bajo su responsabilidad. Sin esa confianza no es posible navegar ni llegar al destino. Cuando nos subimos a un vehículo (sea un avión, tren, barco, etc.) llevamos siempre implícita la confianza en el conductor.

Sadânanda S.S.
 
Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Marzo del 2015

CAMINAR

Si queremos ir hacia alguna parte, hemos de caminar en esa dirección o utilizar un vehículo que nos lleve. Una vez sabemos que queremos ir a algún lugar, tenemos que hacer algo para llegar, no podemos estar esperando e inactivos.
El proceso evolutivo es estar en acción, seguir un trabajo constante sin estar pendientes de los resultados, lo importante es ir hacia donde queremos llegar, es empezar a caminar, dar el primer paso y después el segundo y seguidamente el tercero, y así ir avanzando hacia nuestra meta. Al cabo de unos cuantos pasos, nos damos cuenta de que ya hemos avanzado en referencia al lugar de salida, y todo avance, sea cual sea su dimensión, nos acerca a nuestro destino.
El yogui no está pendiente de los resultados, buscar siempre el éxito en lo que hacemos es un concepto del hombre mundano, el yogui encuentra la plenitud en cada paso hacia adelante, por pequeño que sea!!!
El hecho de caminar hacia lo Divino nos conecta con lo Divino.
En el sendero espiritual no existe la idea de éxito o fracaso, hay logros y hay dificultades que superar. Los logros nos motivan para continuar, las dificultades nos refuerzan, nos hacen reflexionar y nos ayudan a realizar los cambios necesarios en nuestras vidas.
En la objetividad (mundo material) el éxito nos conduce a la euforia (alegría intensa pero momentánea) y al orgullo. El fracaso nos hunde y nos bloquea.
Lo que verdaderamente cuenta en este viaje es la constancia, practicar de forma regular para que encontremos la plenitud en cada acción y seamos capaces de divinizar cada acto de nuestra vida. Entonces dejaremos de preocuparnos si el destino está lejos o cerca, si es difícil o fácil. Estaremos centrados en aquello que estamos haciendo e iremos escogiendo las actividades y compañías que nos mantienen en el camino evolutivo.

Sadânanda S.S.
                                             
Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Febrero del 2015

LA AUTORREGULACIÓN

En las distintas sendas o escuelas espirituales se dan técnicas y prácticas para progresar siguiendo los consejos de las personas que han alcanzado un elevado nivel de consciencia. No obstante, a veces ocurre que ciertas pautas y hábitos recomendables para el proceso del aspirante se convierten en normas, exigencias e incluso prohibiciones.
Lo fundamental es que las personas que tienen un cierto interés por la vida espiritual, que quieren conocerse y que desean mejorar como seres humanos, encuentren las herramientas, personas, y conocimientos necesarios que les faciliten desarrollar su avance. Si se empieza exigiéndoles, prohibiéndoles e imponiéndoles, dificultamos que esas personas encuentren la motivación necesaria para seguir su proceso y acaben renunciando.
Lo que importa es que el aspirante se encuentre cómodo y desarrolle un auténtico interés por el camino evolutivo, para que ello le permita aprender y practicar desde la motivación y el conocimiento.
La sabiduría es para conocernos a nosotros mismos y conectar con nuestra realidad, no para alejarnos de ella. Y esto ocurre cuando nos centramos en la cáscara y no en el fruto, cuando damos más importancia al contenedor que al contenido. El contenedor puede ayudar a llegar al contenido pero no sustituirlo.
Los seguidos del Satyam practicamos la Autorregulación. La Autorregulación implica ser nosotros mismos y asumir la responsabilidad sobre nuestra vida. Es importante que el propio aspirante sea el que vaya estableciendo su propio estándar de práctica que le proporcione la comodidad y constancia necesarias para ir avanzado. La clave para todo aquel que está en el camino del yoga es la práctica regular, sin pausas ni interrupciones. Entonces conseguimos que la personalidad colabore con nosotros en nuestra tarea yóguica.
Cuando nos imponemos prácticas o hábitos sin entender el porqué lo hacemos o sin haber realizado internamente la necesidad de hacer tal cosa o de no hacerla, con el tiempo creamos tensiones internas inducidas por la mente y el cuerpo, provocando en nosotros dudas, desconfianzas y vacilaciones que, seguramente, causarán el abandono y en algunos casos nos llevarán a adoptar posiciones totalmente opuestas a las que estábamos realizando. Puede que al principio y desde una comprensión intelectual, nos parezcan atractivas ciertas imposiciones, prohibiciones y severidades para el cuerpo y la mente. Pero al final provocaremos tensiones internas y tendremos que afrontar la rebeldía de nuestra personalidad, y en esa lucha saldremos perdedores y desistiremos del trayecto iniciado.
Hemos de recordar que los maestros nos enseñan mediante su experiencia, no nos imponen ni exigen, sólo nos aconsejan, nos muestran con su ejemplo aquello que nos puede ayudar a mejorar. No nos piden fe ciega en ellos o en el yoga, sino que experimentemos las enseñanzas para que podamos realmente aprender.

La Autorregulación nos permite actuar desde nuestra propia libertad y responsabilidad. Desarrollamos la voluntad, la autobservación y el autocompromiso para que los cambios se vayan dando de forma espontánea, desde el convencimiento y por decisión directa de nuestro Ser.


Sadânanda S.S.

                                                 

Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Enero del 2015

EN EL CAMINO

EL IMPULSO


En algún momento de nuestra vida hemos cerrados los ojos y hemos sentido un momento de profunda paz, y hemos percibido una sensación fuera de lo común o hemos escuchado una vocecita que nos da algún “mensaje” interesante. Tal vez durante un paseo por la naturaleza o leyendo unas palabras o quizá  algunas frases que oímos de alguien, resonaron de forma especial en nuestro interior y despertaron en nosotros un interés por mejorar nuestra vida, por entender cómo son las cosas, por conocernos mejor o por saber más sobre la realidad metafísica de la existencia.Un “impulso” que nos condujo a comprar o leer un libro  sagrado o de sabiduría, o que propició realizar un determinado curso, o que originó en nosotros una curiosidad por conocer el yoga, etc.
Son esos momentos especiales en los que ese “impulso” interior facilita que descubramos que somos algo más que un cuerpo compuesto de músculos y  huesos, que somos algo más que unos sentimientos y unos pensamientos. Nos ofrece la oportunidad de comprender que como seres humanos tenemos nuestro vehículo y que detrás del vehículo existe un Ser que es quien está destinado a utilizarlo, por lo tanto asumimos que no somos la personalidad si no que ella es el instrumento para que el alma pueda existir en este planeta y realizar su proceso evolutivo.

Llamamos “impulso” a esa manifestación del Alma, sea a través de una información intuitiva o a través de una fuerza interior que nos hace actuar y tomar decisiones de gran relevancia y trascendencia para nosotros.

El “impulso” surge en los momentos en los cuales se produce un aquietamiento en nuestro vehículo, son esos instantes en los que los tres cuerpos inferiores permanecen pasivos y crean espacios,   que permiten que el Ser pueda manifestarse, sea a través del pensamiento, emoción o sensación. Esas ocasiones donde el Ser no está aprisionado, no se encuentra bajo la limitación de las máscaras que conforman nuestra personalidad y aprovecha las rendijas que se abren cuando la mente, los sentidos y el cuerpo coinciden en un estado de neutralidad, para expresarse. El aspirante es aquel que aprovecha y sabe utilizar la fuerza del “impulso” interior para direccionar su vida e iniciar el camino evolutivo del Ser.
Esa fuerza que no está originada en la personalidad nos lleva a hacer grandes cosas y a tomar decisiones que afectan muy positivamente en nuestras vidas, emprendiendo un viaje hacia el conocimiento de sí mismo y nos encamina a aprender sobre la sabiduría universal y el conocimiento espiritual. El verdadero aspirante sabe utilizar esa fuerza y todo el poder que genera para seguir con determinación su proceso evolutivo, sin abandonarlo ni alejarse de él cuando surgen interferencias de la personalidad. Se mantiene alerta y en los momentos de flaqueza sabe conectar otra vez con ese “impulso” para recuperar fuerzas, motivación y saber escoger aquellas cosas, personas, pensamientos y emociones que le ayuden en su vida.


Dedicar nuestras vidas a potenciar la personalidad y a incrementar lo mundano, es un despilfarro y derroche de tiempo y energía que nos distancia de la verdadera felicidad, y nos adentra en un bucle de sufrimiento y desdicha.

El aspirante “invierte” gran parte de su vida en el sublime propósito de evolucionar espiritualmente, experimentando un aumento considerable de su vitalidad, fuerza, voluntad y el poder en sí mismo que le conduce inexorablemente a una auténtica transformación. Por consiguiente, es consciente de la importancia del “impulso” y trabaja para que este no se apague.


Sadânanda 



                                                      

                                        


Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Diciembre 2014


En algún momento de su proceso, algunos aspirantes se preguntan cómo hacer frente al mal y a la negatividad.  En primer lugar, debemos entender que no se trata de luchar, porque seguramente en la lucha entraríamos en el juego y en el terreno de lo que consideramos como mal. Cuando la negatividad entra en nosotros y afecta nuestras vidas, no es por el poder que ella tenga, sino por la falta de luz en nosotros. Por lo tanto, lo que debemos hacer es dedicarnos a aumentar la luz. Cuando nos abandonamos y nos  alejamos de la práctica espiritual, nos debilitamos y creamos espacios por donde la negatividad entra.
De hecho, la negatividad adquiere fuerza cuando se instala en la mente, podríamos decir que es una cuestión mental. Entonces la actitud que hemos de tomar es la de potenciar las actividades que nos inducen a la subjetividad. En esta tarea encontramos la neutralidad mental que nos  facilita el aislamiento de las influencias negativas. En este centramiento surge una nueva consciencia que favorece el ingreso de luz en nosotros, y así encontramos una cierta liberación, no en la libertad, sino en el camino que nos conduce a la libertad. Se trata, pues, de vaciar la mente para poder llenar el corazón.
Normalmente consideramos los errores como negativos, consideramos que muchas cosas que nos ocurren son negativas. No obstante, aquello que estimamos como una equivocación o mala suerte puede ser simplemente el cumplimiento de lo que desde círculos superiores establecieron como experiencias que teníamos que vivir. El error será error si nos desvía de nuestro propósito, y la “mala suerte” será  mala suerte si nos hunde en la negatividad. Desde la nueva consciencia que desarrollamos al centrarnos en la luz podemos entenderlo de esta manera.
El aura luminosa que creamos a nuestro alrededor cuando vivimos desde la subjetividad, nos permite excluir la oscuridad y entrar en la experiencia de nuestra propia vida.
Al encontrarnos a nosotros mismos, tenemos la necesidad espontánea de hacer servicio, porque esa plenitud nos induce a servir a los demás. En la objetividad ocurre lo contrario, el vacío interno nos focaliza en estar siempre preocupados por nosotros mismos y a exigir que los demás nos sirvan.
Esa plenitud no nos lleva a permanecer estáticos sino al movimiento. La existencia es puro movimiento, lo divino es movimiento. No es cuestión de cerrarse en uno mismo disfrutando de esa plenitud para sí.

Sadânanda 


                                           

                                             

Ariculo publicado en el Boletin del Satyam Group, Noviembre 2014



EN EL CAMINO

Normalmente vivimos desde la objetividad bajo la dirección de nuestra personalidad, por ello valoramos las cosas dependiendo de su apariencia y de la magnitud de lo que las envuelve. La personalidad se siente atraída por cosas opulentas, grandes, extravagantes, con renombre, prestigio, etc. Se deja arrastrar por el espejismo de la materia sin darse cuenta de dónde está lo ilusorio y dónde lo real y no reconoce  dónde se encuentra la línea divisoria.
Lo que motiva al yogui es precisamente superar el lado ilusorio de la vida y conocer aquello que hay más allá de la materia y de la personalidad.
En ese proceso descubre que el ser humano se encuentra bajo la influencia de Ahamkara, que es la identificación con el principio del “Yo”, con el cuerpo, los sentidos y con la mente. Lo que constituye el ser individualizado y que le lleva a la creencia de “yo soy el hacedor”. De hecho ahamkara surge cuando el espíritu Aham, adquiere forma material, entonces se convierte en ahamkara, ego. El yogui experimenta que los sentidos son más sutiles que el cuerpo, que la mente es más sutil que los sentidos, que la conciencia es más sutil que la mente y que Atman es más sutil que la conciencia.
Tenemos que los sentidos son más sutiles que el cuerpo porque los sentidos no son lo mismo que sus órganos, los órganos de los sentidos son los instrumentos de los sentidos, por lo tanto cuando los órganos están en reposo, los sentidos pueden seguir funcionando (podemos tener los ojos cerrados pero visualizar cualquier cosa). Este aspecto es importante para darnos cuenta de que los sentidos son más sutiles que sus órganos (cuerpo).
Entonces percibe que este ahamkara envuelve a la conciencia (buddhi). Por lo tanto la conciencia no puede brillar.
Buddhi se encuentra cerca de Atma (alma), por lo tanto recibe su luz. Justamente el trabajo yóguico consiste en permitir que el buddhi pueda impregnarse de la energía divina de Atma, con lo cual la luz del buddhi puede purificar la mente, los sentidos y el cuerpo.

En este punto vivimos bajo la dirección del alma, ella reconoce aquello que es real sin tener en cuenta su envoltorio. Sabe distinguir el fruto de la cáscara y encuentra el fruto que necesita.
Sadânanda

                                                
             


Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Octubre 2014

SATSANG
Existe una palabra en sánscrito que contiene un gran significado y que tiene gran relevancia en la cultura védica, en el sendero del yoga y también en cualquier camino evolutivo. Esa palabra es Santsang, que significa literalmente “asociación con la verdad”.  Sat significa verdad, lo real, lo que existe. Sanga significa asociación, compañía.
Manifiesta un aspecto esencial para todo discípulo que es la necesidad de establecer contacto con nuestra verdadera realidad (Sat), con aquello que somos genuinamente, sin filtros ni condicionamientos. Es decir, somos un Alma y esta se manifiesta en el terreno espiritual (subjetividad), por lo tanto tenemos que potenciar las actividades, relaciones, prácticas, etc. que nos ayuden en esta tarea.
Contempla tres ámbitos,  el  interior, el exterior y el contacto con una persona de sabiduría.
Desde el punto de vista interior, se refiere a la búsqueda de la verdad, y al impulso que nos conduce a la práctica adecuada para la conexión con nuestra existencia, aquello que es auténticamente real, y su consecuente experiencia. En este estadio es donde conseguimos trascender la mente y situarnos en los centros superiores.
Sería incomprensible un discípulo que no haya experimentado en algún momento su interior, que no haya tenido algún tipo de acercamiento y conexión con su Ser.
En el ámbito exterior, se refiere a la necesidad de asociarse con personas espirituales para compartir lecturas sagradas, reflexiones, actividades espirituales, rituales, mantrams, etc. Estas actividades nos sitúan en la subjetividad y nos permiten mantener contacto con el Ser.
El satsang establece la importancia de la asociación, y también sigue la idea de que llegamos a ser como las personas con las que nos asociamos.
A menudo nos relacionamos con las personas amigas para compartir eventos, charlar, compartir una comida, ir de excursión, ir al cine, etc. Son actividades necesarias e imprescindibles para nuestra vida social pero hemos de ser conscientes de que estos encuentros los compartirmos desde la objetividad (mundo exterior), para beneficio de nuestro vehículo.
Desde la óptica de las personas que estamos en el camino evolutivo, vemos la necesidad de establecer relaciones con personas que están en un mismo camino,  pero, compartiendo desde la subjetvidad (mundo interior).
El tercer ámbito es el de procurar estar cerca o próximo a una persona de sabiduría, un instructor o maestro, para establecer una relación o comunicación sutil directa.
Discípulo significa estar dispuesto y preparado para recibir. En este sentido la reunión y lo que se hace en la reunión es simplemente un medio, lo importante es estar allí, y recibir, cuando la mente esta abierta y el corazón puede sentir, entonces la conexión sucede, y este es el sentido de satsang.
El discípulo intenta siempre mantener contacto con la verdad y busca los medios que le pueden ayudar en esta misión.

Sadânanda






Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Septiembre 2014

Ser consciente de que sin el trabajo grupal no hay auténtico progreso evolutivo, es totalmente imprescindible para todo aspirante. Si obviamos esto, tendremos grandes dificultades en nuestra vida espiritual. El trabajo grupal nos tiene que ayudar a trascender nuestro ego y a poner en práctica las enseñanzas.
Nos llamamos hermanos espirituales pero nos comportamos como “amigos” desde lo mundano, porque prevalece nuestra visión externa de los demás e incluso de nosotros mismos. Aquel que se relaciona desde la apariencia sólo saber ver lo superficial en los demás.
El verdadero aspirante desarrolla un gran respeto, sentido de la fraternidad y amor hacía todos sus hermanos y hermanas espirituales.
La ofensividad entre los miembros de un grupo, sea a través de la crítica o el conflicto, nos indica el bajo nivel evolutivo. La ofensividad sea consciente o inconsciente hace mucho daño al grupo, esta realidad tendría que estar muy presente en todo verdadero aspirante.
Deberíamos de evitar ser ofensivos y no escuchar a aquellos que lo son, porque no hay nada más triste dentro de un grupo que uno sea ofensivo y aún más triste que haya miembros que escuchen y acepten esa ofensa.
Todo esto es consecuencia de que nuestro ego sigue gobernando nuestras vidas, a pesar de ser practicantes de yoga. No obstante, tiene sus consecuencias. Todos estamos en el mismo “barco”, las ofensas son como provocar grietas en este barco por donde el agua puede entrar y dificultar su navegación, cuantas mas grietas más dificultad, hasta llegar a hundirlo sin poder llegar a su destino.
Por lo tanto, el trabajo necesario para todos nosotros,  aspirantes y miembros de un grupo que sigue el sendero espiritual y evolutivo, es generar la verdadera amistad entre todos, por la sencilla razón de que todos estamos caminando por el mismo camino. Es ineludible fomentar la hermandad, la concordia, la armonía, el compañerismo, la colaboración y sobre todo un gran respeto entre todos nosotros. Es fundamental y de gran relevancia si se quiere evolucionar como grupo e individualmente. Tenemos que ser capaces de priorizar el interés del grupo a nuestro interés individual. Estar en un grupo significa estar dispuesto a dar y no a exigir.  
Sadânanda



Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Julio-Agosto 2014
El yogui / yoguini busca mediante su práctica la pureza en el plano físico, emocional y mental,  para conseguir situarse en un plano superior de consciencia. Si estos tres cuerpos no están “purificados”, difícilmente se puede llegar a los planos superiores. En esto consiste la transformación espiritual. Pero para que las cosas cambien en el plano físico deben cambiar en el plano sutil, para ello es necesario atraer luz a estos planos. Los rituales, la meditación, la adoración y la oración son medios para establecer conexión con la Luz.
La oración crea una unión con la conciencia superior y la meditación nos permite tener la experiencia de la conciencia superior, vivir en ella.
Las oraciones nos alinean con el Alma de una manera directa. Es un error pensar que la oración es menos importante que la meditación. Algunos practicantes de la meditación abandonan la oración porque no la consideran útil y la atribuyen más a una cuestión de fe o de sentimentalismo, sin más fundamento. Pero en realidad la oración tiene una gran importancia  porque atrae las vibraciones adecuadas para crear un entorno positivo y armonizar los planos inferiores e incluso puede ayudarnos a conseguir un buen nivel de meditación.
La oración sincera realizada desde el corazón, no crea expectación y provoca que la mente esté centrada y enfocada en lo divino, y evita la influencia del ego, consiguiendo la conexión con lo divino.
Cuando la oración no se realiza desde el corazón, es una oración con muchas expectativas porque se fundamenta en la petición, en la “exigencia” de lo que Dios tiene que hacer para nosotros. Puede crear impaciencia, decepción y dificulta que las cosas sucedan.
Si la oración se realiza sin conciencia, de forma automática, nos quedamos en el plano mental y surgen miedos, malestar. Nada ocurre, salvo que la mente y las emociones nos desbordan.
Si realizamos las oraciones desde el corazón, con la conciencia adecuada, las cosas ocurren a su debido tiempo.
La oración tiene un gran poder para direccionarnos hacía la luz y superar el hábito de vivir en la materia y bajo la influencia del deseo, desarrollando la voluntad de conexión con nuestra verdadera realidad.

Sadânanda




Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Junio 2014

Todo proceso evolutivo se lleva a cabo en grupo, ya que es la manera más aconsejable de conseguir la transformación de la materia hacia el espíritu.
De la misma manera que nacemos, crecemos y nos desarrollamos como personas en el seno de una familia, también crecemos y nos desarrollamos espiritualmente en un grupo o familia espiritual. En la primera nos unen los lazos emocionales, en la segunda los espirituales.
El aspirante o discípulo muestra un gran respeto y afecto fraternal hacia sus compañeros o hermanos espirituales, porque en primer lugar, tienen la misma inquietud espiritual y voluntad de evolucionar; en segundo lugar, son personas que están siguiendo y practicando el mismo proceso; y en tercer lugar comparten el mismo guía, instructor o Maestro.
El practicante de yoga se relaciona con sus compañeros o hermanos espirituales desde el Alma. Cuando la personalidad es la que rige las relaciones entre condiscípulos surgen los conflictos y se obstruye el trabajo del maestro y el avance del grupo. Sin embargo, cuando la personalidad deja de dirigir las vidas de los estudiantes, el Alma se manifiesta y las relaciones se fundamentan en la cooperación, colaboración, ayuda, respeto, tolerancia y amor fraternal. Entonces es cuando el grupo evoluciona al igual que sus miembros.
 Es un error ver a nuestros hermanos desde la apariencia y la personalidad, porque aparecen las críticas, envidias, luchas de poder, etc. que nos alejan de nuestro verdadero camino y ensombrecen el sublime propósito del yoga.
 Los hermanos y hermanas espirituales son de gran importancia para el aspirante y el discípulo, gracias a ellos podemos crecer espiritualmente, no podemos olvidarlo, debemos ser conscientes de ello y mostrarnos respetuosos, serviciales, cooperantes y fraternales. Nuestro trabajo individual consiste en situarnos en el nivel del Alma para que podamos aportar y recibir las experiencias y el conocimiento que nos ayudarán a desarrollarnos espiritualmente como grupo y como seres humanos.
Sadànanda


Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Mayo 2014


No siempre vivimos la vida con comodidad, en mayor o menor medida nos llegan adversidades.  Las cuales vivimos como limitaciones, obstáculos y en el peor de los casos como castigo.


El aspecto Saturniano, por el cual nos llegan dificultades para que las superemos y con ello consigamos estar preparados para desarrollar nuestro proceso evolutivo, es un aspecto que se le aparece a todo practicante.


Según el Maestro  Djwhal Khul: “Saturno es el planeta del Discipulado y de la oportunidad”.


 Lo primero que hay que saber y recordar, es que las adversidades no son para el Alma, ni son del Alma, sino que ocurren en el ámbito de la objetividad. El vehículo del Alma, nuestra personalidad, tiene sus características y sus condicionantes de acuerdo a nuestro historial kármico. El proceso evolutivo consiste en purificar y transformar este vehículo para que esté más preparado para conducirnos hacia nuestro verdadero propósito, evolucionar. En consecuencia las adversidades no deben ser paralizantes, tenemos que aceptarlas como circunstancias que hemos de encarar y resolver. Todos tenemos la capacidad para superar la dificultad, entendiendo que esta es para mejorar y para fortalecernos. En esta tarea podemos sentir dolor.  El dolor es un proceso de transformación, limpieza y rectificación, si sabemos vivirlo correctamente.


 Entonces, debemos en primera instancia aceptar todo aquello que nos llega, en vez de revelarnos o hundirnos. Una vez que aceptamos tenemos que conectar con nuestro centro y permitir que nuestra fuerza florezca para encontrar el modo de gestionar la adversidad. Podemos vivir el dolor desde la serenidad, los problemas del vehículo no deben afectar al Alma.


Para ello nunca debemos abandonar nuestra práctica, ya que en ella encontraremos la confianza necesaria en  nuestro potencial y sentiremos la protección del Maestro.


En esta labor puede ayudarnos el conectar con la consciencia grupal y sentir su energía  cálida, acogedora y afectuosa.


Sadànanda 





Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Abril 2014



El yoga es el proceso de trascender la personalidad, conectar con el alma y establecer una relación directa con el espíritu. El yogui es aquel que vive más allá de las apariencias y se sitúa en la realidad de Ser. No se deja arrastrar por la influencia de lo externo ni por las exigencias del ego.
Un aspecto importante para el discípulo es saber relacionarse con los demás y principalmente con las personas que están en un mismo proceso. Madame Blavatsky en su “Escalera de Oro” enseña que uno de los peldaños para que el discípulo progrese es: Afecto fraternal para con el discípulo.  Para que ello sea posible debemos situarnos en el alma y ver a los demás como almas que también están en el camino evolutivo, que de una manera o de otra, trabajan en el ámbito espiritual con sus errores y sus aciertos, por lo tanto deberíamos relacionarnos desde la fraternidad y el afecto, por afinidad y empatía, y también por respeto al que trata de seguir y practicar el yoga. Justamente las convivencias de grupo son nuestro laboratorio donde tenemos la oportunidad de poner en práctica y experimentar la subjetividad (el nivel del alma).


Los conflictos entre discípulos no debieran de existir. No es aconsejable confundir la diversidad de opinión, que siempre es enriquecedora, con el conflicto. Buscar la uniformidad, no aceptar opiniones, querer imponer criterios, forma parte del juego de la personalidad y nos distancia del alma.

 Krisna dice en la Bhagavad Gita:


sarva-bhûta-stham âtmânam


sarva-bhûtâni câtmani


iksate yoga-yuktâtmâ


sarvatra sama-darsanah


BG VI-29


 “Un verdadero yogui Me observa a Mí en todos los seres,  también ve a todo ser en Mí. En verdad, la persona autorrealizada Me ve a Mí, el mismo Señor Supremo, en todas partes”.
Entonces ¿cómo vamos a criticar a lo divino que está en el otro?, ¿cómo podemos odiar si vemos a Krishna en el otro?, ¿cómo podemos enfadarnos con el Ser divino que hay en los demás?
Cuando la personalidad se impone, tenemos que ser capaces de poner amor donde surgió odio, comprensión y tolerancia donde hay diferencias.
Desde el alma somos capaces de escuchar las distintas opiniones y puntos de vista y llegar a un acuerdo consensuado, porque lo que predomina es la visión espiritual de las cosas, y para los discípulos siempre prevalece el plan divino.
 Sadânanda


Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Marzo 2014

Nos identificamos constantemente con nuestra personalidad y basamos nuestra existencia en los valores que hemos ido adquiriendo según nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones vividas. En consecuencia, buscamos la felicidad según el concepto de felicidad que hemos asimilado e impregnado en nuestros cuerpos físico, emocional y mental. Para unos la felicidad puede ser lo frío, para otros puede ser lo caliente.

Confundimos felicidad con placer, y esa confusión provoca que malgastemos mucho tiempo y energía en el camino equivocado.

La felicidad es un estado de plenitud y equilibrio donde los cuerpos inferiores permanecen neutrales o están al servicio de los cuerpos superiores, porque es desde los cuerpos superiores que experimentamos la verdadera plenitud. En cambio, el placer se vive desde los cuerpos inferiores y desde esos niveles no se encuentra la verdadera felicidad.

La idea de lo que nos puede hacer felices crea deseo y expectación. A veces esas expectativas nos producen impaciencia, preocupación y frustración, alejándonos de nuestro equilibrio.

Desear, tener proyectos, ilusiones, etc. es legítimo e incluso necesario para nuestro desarrollo, pero sin que ello nos produzca un alejamiento de nuestro alineamiento personal.

Cuando no estamos en equilibrio no podemos experimentar la paz, y sin paz no hay felicidad. Nuestro trabajo consiste en mantener armonizados nuestros cuerpos inferiores y realizar las prácticas que nos conduzcan a la conexión con el YO SOY para que dirija nuestras vidas. Sabiendo que Dios es generosidad y Amor, y que nuestro deber es trabajar en aras del Plan Divino, entonces fluiremos con la vida y nos llegará todo aquello que necesitamos.
Sadânanda
 

Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Febrero 2014



El sendero hacia la autorrealización requiere disciplina y determinación pero sin llegar a una excesiva severidad con uno mismo.


El yogui sigue su camino con vehemencia, paciencia y constancia, desarrollando una cierta indulgencia hacia sí mismo, ni se enorgullece cuando progresa ni se deprime cuando se equivoca. El camino del yoga exige conocerse, saber quién somos y cuáles son nuestras potencialidades y nuestras limitaciones. En este trabajo de conocimiento personal el yogui establece una buena relación con su personalidad, para que esta no sea un obstáculo en su evolución, desde la propia comprensión. Cuando se experimentan transformaciones y superaciones personales podemos aplicarlas en nuestra vida social.


El Maestro Jesús dijo “ama a los demás como a ti mismo” (Marcos 12; 31), se refiere a que cuando uno es compasivo y tolerante con uno mismo puede serlo con los demás. La cualidad del alma es el amor, y desde el amor podemos desarrollar la compasión y tolerancia primero en nosotros y después hacia los demás. En ningún caso hace referencia a un amor egocéntrico, sino todo lo contrario.


Si nos culpabilizamos, si nos avergonzamos de nosotros, si los errores nos desestabilizan, es porque hay mucha identificación con la personalidad. Conseguiremos amarnos a nosotros mismos cuando lleguemos a trascender el ego.


Sólo el alma nos puede dar estabilidad. No hay ningún aspecto de la objetividad, ya sea éxito material, social, económico, etc., que nos mantenga en un estado de estabilidad y equilibrio personal.

Sadânanda.






Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Enero 2014


Muchas veces y de distintas maneras hemos sido heridos, nos han causado dolor y sufrimiento. Llevamos entonces ese dolor con nosotros, al mismo tiempo que cargamos con el rencor hacia lo causante de nuestro sufrimiento, sea una persona, una idea, un hecho, etc.


La manera de liberarnos de esas heridas es perdonar. Cuando somos incapaces de perdonar, seguimos cargando con toda la negatividad que nos provocar el rencor y el resentimiento.


Es mediante el perdón que nos liberamos de las ataduras del pasado y de los lazos emocionales que nos aprisionan. 


Perdonar no significa olvidar pero nos permite ir al pasado sin sentir dolor. No significa que estemos de acuerdo con la persona a quien perdonamos pero nos permite estar con ella sin sentir animadversión. 


Para poder perdonar hemos de saber vivir en el presente y situarnos a nivel del Alma para poder trascender la causa y/o causante de nuestro dolor. A veces no hace ni falta llegar a comprender, tenemos suficiente con conseguir el alineamiento  necesario para conectar con el Alma y experimentar el equilibrio personal. Quien se resiste a perdonar es el orgullo que surge del ego.  


El fraile dominico Henri Lacordaire dijo: ¿Quieres ser feliz un instante? Véngate. ¿Quieres ser feliz toda la vida? Perdona.


Sadânanda




Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Diciembre 2013



El yogui vive en el presente. Nuestra  realidad se encuentra en el aquí y ahora, no existe nada más aparte de nuestro presente. El pasado ya lo dejamos atrás y el futuro aún tiene que llegar, por lo tanto ni el uno ni el otro existen ahora. Nuestra vida se desarrolla ineludiblemente en el presente. Vivir del pasado o para el futuro significa perderse los detalles importantes de la multitud de situaciones que nos llegan a diario. Muchos de esos detalles son los que dan relevancia, valor e integridad a nuestra vida.


El camino del yoga lleva implícito ser conscientes de cada acto, palabra, pensamiento, circunstancia, y ser grandes observadores. Cuando realizamos todas las cosas conscientemente, con atención, logramos que cada acto, por simple que sea, acontezca un gran acto lleno de significado, experimentamos la eternidad de cada instante y percibimos lo divino de cada acción.


Saber vivir en el presente conlleva saber discernir y situarnos en  la subjetividad. El hombre común dedica tiempo, esfuerzo, dinero, pensamientos, etc. a la personalidad, ignorando que todos sus éxitos materiales y todo lo que haya conseguido acumular en la objetividad se quedarán aquí cuando deje su cuerpo físico. Sólo nos llevamos aquello que hemos realizado en la subjetividad. Por lo tanto el discípulo prioriza todo aquello que le conduce a progresar espiritualmente y es consciente de que cada día es una oportunidad y una bendición, por ello cada mañana muestra su agradecimiento al Ser Supremo durante su práctica matutina.


Nuestra vida es demasiado valiosa para desaprovecharla en la objetividad.


Vivir en el presente es vivir  desde la plenitud y el equilibrio. Sólo desde el presente podemos experimentar la verdadera felicidad.

Sadânanda




Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Noviembre  2013


El verdadero discípulo evita el acto de juzgar a los demás. La crítica surge de nuestra personalidad para la satisfacción de nuestro ego. Generalmente todo lo que se critica se basa en una percepción parcial de la realidad y no en el conocimiento exhaustivo de cuál es la razón que ha llevado a una persona a realizar un acto determinado o a comportarse de tal o cual manera.


Juzgamos en base a nuestros conceptos de lo que está bien o lo que está mal, según nuestras percepciones éticas y según pautas de moralidad aprendidas y no experimentadas, o sencillamente, en base a lo que le gusta o no le gusta a nuestra personalidad.


Cuando criticamos, nos alejamos de la comprensión y dejamos de ser tolerantes.


El Maestro Jesús dijo: “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?”


Ese es el comportamiento de los que están dirigidos por su personalidad, mirar siempre los errores de los demás y no ver los suyos propios. Si somos capaces de ser observadores de nosotros mismos y de nuestra vida, podemos desarrollar la capacidad de comprender a los demás.


El discípulo es compasivo y transigente. Aun sabiendo que una persona se está equivocando, intentará  ayudarla desde la empatía y desde el amor.

Sadânanda


Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Octubre 2013



Puede que el maestro (guía o instructor espiritual) no sea un ser totalmente Divino, pero lo Divino se manifiesta a través de él para ayudarnos y enseñarnos. Si no sabemos ver esto, aún no estamos preparados para ser discípulos.


El Alma te conduce hacia el sendero correcto y el maestro adecuado, pero no proyectes tus deseos y limitaciones hacia el maestro, encontrando los defectos en él. En tal caso te dejarás vencer por tu personalidad y sólo sabrás ver la personalidad en el maestro. Elimina los prejuicios y conceptos predeterminados a la hora de relacionarte con el maestro, abre tu corazón y permite que la luz que a través de él se manifiesta te ayude en tu evolución. 


Cuando una acción del maestro te toca directamente y te disgusta, no te quedes en la acción externa y en el enfado, intenta ver la enseñanza que se te está transmitiendo; el maestro nunca quiere dañarte sino ayudarte. Quien se siente herida es la personalidad; el Alma comprende, aprende y se siente agradecida. 


Cada maestro tiene sus filtros, aquellos que no pueden vencerlos no reconocerán a tal maestro.

Sadânanda






Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Setiembre 2013


A menudo buscamos el contacto con lo divino, esperando encontrar aquella experiencia mística, extrasensorial, que nos transforme. Anhelamos una transformación personal que solucione nuestros problemas materiales y emocionales. En esa búsqueda leemos con el deseo de aprender lo máximo posible para que ese conocimiento nos lleve a la luz; meditamos esforzándonos en transcender nuestra mente con el ánimo de llegar a estados superiores de conciencia mediante la voluntad; algunos incluso realizan severas austeridades, siempre con la buena intención de alcanzar lo divino, pero a pesar de todo el esfuerzo no conseguimos tal estado.


Aunque todas esas prácticas son necesarias e imprescindibles, también tenemos al alcance una manera muy fácil de contactar con lo divino y que a veces no apreciamos del todo, y es el canto de sus nombres. Cantando los nombres del Divino desde el corazón conectamos directamente con Él. Su vibración inunda todo nuestro cuerpo y nuestra mente permanece concentrada en su sonoridad. Si uno  consigue dejarse llevar por esa vibración y sonoridad alcanza una experiencia totalmente divina, a la vez que su cuerpo y mente se purifican. Se trata de cantar esos nombres con total consciencia y dulzura, dejando que la mente se centre en esa pronunciación, a la vez que la escuchamos desde todo nuestro Ser. Pronunciar, escuchar y penetrar en la sonoridad, entonces es cuando uno entra en otra dimensión experimentado la plenitud espiritual.  Es tan sencillo que muchas personas no creen en su poder, por eso muchos maestros y yoguis insisten en enseñar, aconsejar y animar a que los aspirantes practiquen este método de cantar diariamente y varias veces al día los nombres del Divino.

Sadânanda







Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Julio-Agosto 2013



El yogui y el sabio saben ver lo Divino en todas las cosas y en todos los seres. Esta es su magnitud. Ver más allá de la materia, ser conscientes del trasfondo de lo subjetivo es maestría. Saber fluir en la vida consiste justamente en estar conectado con el Espíritu y permitir que lo Divino se exprese a través de nosotros.


 Por consiguiente, detrás de todas las cosas que nos suceden hay una manifestación divina, es decir, que cada acontecimiento de nuestra vida lleva implícito el propósito de progresar en nuestro proceso evolutivo como seres humanos. Sean situaciones agradables o desagradables, sean aciertos o errores. A veces nos preguntamos por qué nos surgen dificultades cuando resulta que estamos siguiendo nuestra práctica con regularidad. Entendemos que en tal caso nos deberían llegar “recompensas” por nuestros esfuerzos y en cambio recibimos “problemas”, con lo cual deducimos que estamos retrocediendo en vez de avanzar y podemos llegar incluso a desanimarnos y desmotivarnos. Pero tenemos que entender que cuando uno limpia a fondo siempre surgen suciedades que no estaban visibles antes, pero que estaban allí. Significa que cuando vamos progresando surgen situaciones difíciles que tenemos que vivir debido a que forman parte de nuestro karma acumulado. Y si las sabemos vivir y superar, nos liberamos de ese karma.


No obstante, las situaciones agradables tienen el inconveniente de que podemos caer en el pensamiento de que ello nos sucede gracias a nuestros méritos personales, en vez de entenderlo como una facilidad que lo Divino nos otorga para avanzar espiritualmente.


Debemos pues, mantener nuestra consciencia alineada con el espíritu y permitir que nuestra vida cumpla con el plan Divino.



Sadânanda




Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Junio 2013

Aquello que consideramos realidad está relacionado con el aspecto circunstancial de nuestra vida. El lugar en donde vivimos, las personas que conocemos, nuestro cuerpo, nuestra manera de ser, las cosas que tenemos etc. Puede que esa realidad, en general o parcialmente, nos guste o nos desagrade, o la consideremos injusta, o nos cueste aceptar. A menudo nos quejamos de nuestra realidad o de la realidad que nos envuelve o ambas.  Sentimos que esta nos sobrepasa, nos sentimos incapaces de poder cambiarla, e incluso hay quien culpa a Dios porque permite ciertas situaciones crueles, duras e incomprensibles en este mundo. Pero esa actitud es fruto del desconocimiento.

Queremos ser felices y encontramos la felicidad cuando se cumplen nuestras espectativas o deseos. Sentimos felicidad cuando conseguimos sentirnos queridos, cuando conseguimos un buen trabajo, cuando ganamos el dinero deseado, cuando nos sentimos reconocidos, cuando asistimos a un concierto que nos entusiasma, cuando nace el hijo deseado, cuado hacemos el viaje de nuestros sueños, etc. No obstante nos sentimos desgraciados si no se cumplen nuestras expectativas o anhelos. Por lo tanto la realidad es positiva o negativa en función si alcanzamos  o no, aquello que deseamos.

A todo esto que llamanos realidad el yoga lo define con la palabra Maya (ilusión), en el sentido que aquello que es circunstancial, accesorio, incidental, forma parta de la parte extrínseca de nuestra vida y no define nuestra verdadera existencia. La sabiduría considera que la  realidad  es aquello que no cambia y que no está sujeto a la influencia de la personalidad y a todo lo que ello conlleva.

Lo que verdaderamente somos, nuestra Alma, es nuestra pura realidad, la materia puede cambiar, destruirse, modificarse; las emociones son cambiantes al igual que nuestros pensamientos. Nuestra realidad es permanente y eterna, al conectar con nuestra alma experimentamos la auténtica felicidad.

Krishna afirma en la Bhagavad Gita:

“Él (Alma) no puede ser traspasado ni quemado, no puede ser mojado ni secado. Él es constante y todo lo impregna, es estable y siempre presente.

Permanece inmanifiesto en toda manifestación. No hay concepto que Lo pueda concebir. Es inmoldeable aunque está en todos los moldes. Si lo reconoces de esta manera, no tendrás motivo para sufrir” (BG II-24/25)

Sadânanda




Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Mayo 2013




El alma se manifiesta en determinadas ocasiones, cuando nuestros cuerpos inferiores se alinean o permanecen neutrales. Lo percibimos como un impulso interno que nos lleva ha realizar ciertas acciones, como sentir un interés por el yoga, la meditación, la sabiduría, el servicio, etc., es decir, actividades en el ámbito espiritual. Impulsos que nos cuestionan la vida en la objetividad y nos surgen preguntas más existenciales.


No deberíamos olvidarnos tan fácilmente de estos impulsos ni de las experiencias vividas, cuando hemos seguido las motivaciones surgidas del interior. Recordamos las experiencias agradables o desagradables vividas en la objetividad pero nos cuesta grabar y tener presentes las vividas en la subjetividad. Aunque existe una gran diferencia entre unas y las otras. Esa diferencia es la plenitud que nos dan las realizaciones desde la subjetividad.


Imaginemos que el Ser es una circunferencia, y a esa circunferencia la revestimos con otra circunferencia que representa el cuerpo físico, a esa circunferencia  la recubrimos de otra circunferencia que representa el cuerpo emocional y a esta la recubrimos con otra circunferencia que representa el cuerpo mental. Por lo tanto tenemos una circunferencia original revestida por tres circunferencias circundantes. Cuando nos movemos desde esas tres circunferencias “superficiales” no conseguimos llenar la circunferencia original (vida en la objetividad). Pero cuando actuamos, pensamos, amamos, hablamos, escuchamos, cantamos, etc. desde esa circunferencia original (el Ser/subjetividad) la llenamos y sentimos lo que se llama Plenitud, donde todo adquiere más calidad existencial, una vibración más sutil y una consciencia más elevada.


Todas las actividades desde la objetividad y para los cuerpos circundantes dejan un vacío en el Ser, a pesar de la satisfacción de estos. Es decir, que aunque llenemos la circunferencia del cuerpo mental, emocional o físico, dejamos vacía la circunferencia original.


El yoga y la sabiduría antigua nos enseñan como llenar esa circunferencia original y vivir en total Plenitud.

Sadânanda
Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Febrero 2013





Generalmente relacionamos la oración a una práctica religiosa y la asociamos a creencias o actos de fe. Pero como aspirantes y seguidores del yoga debemos hacer un análisis objetivo e intentar entender el proceso de la oración y al mismo tiempo observarla desde una perspectiva más científica. En todo pensamiento, en los sentimientos, las sensaciones que tenemos de dolor, placer, bienestar o malestar, las experimentamos a través de nuestro sistema nervioso. Este movimiento de los nervios, fibras musculares, órganos, sentidos, neuronas, etc. crean una vibración, que va desde el cuerpo físico a la conciencia. Por lo tanto cuando hacemos una oración estamos transmitiendo una vibración. Esta conectará con vibraciones de la misma frecuencia en otros planos que a su vez responderán o no a la oración emitida.



 Existen diferentes tipos de oración: peticiones relacionadas con el mundo material (salud, dinero, trabajo, alimento, cubrir necesidades, etc.), peticiones de tipo espiritual (avance espiritual, luz, voluntad, dominio de sí mismo, etc.) y oraciones en las cuales no existe ningún tipo de petición sino que sólo establecen una comunicación con lo divino. (Adoración, meditación, contemplación). Muchas oraciones de tipo material reciben aquello que se ha pedido, no obstante muchas oraciones de este tipo no reciben respuesta, ello es debido a una cuestión kármica que lo impide. En las oraciones de tipo espiritual, aunque sean peticiones, si se realizan desde el corazón y con total sinceridad, tienen su respuesta pero también sucede algo importante en la persona que ora. Este tipo de oración abre la mente y el corazón y los sitúa en una actitud receptiva que permite recibir la ayuda pero también permite abrir un canal de conexión entre sus cuerpos inferiores y los superiores. En el tercer tipo de oración la vibración es de una alta frecuencia espiritual con lo que sintoniza y atrae energías divinas. Estas oraciones que no piden sino que son adoración y devoción, establecen una comunicación y unión con lo Divino.


Sadânanda




Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Enero 2013





Cuando nos adentramos en el camino del yoga empezamos a experimentar ciertos cambios, debido a que acontecen algunas modificaciones en nuestros distintos cuerpos densos, cambios vibracionales que afectan a nuestro cuerpo físico (sistema nervioso, órganos, glándulas, etc.), nuestra manera de sentir y nuestra manera de pensar. Al principio el aspirante puede sentirse extraño, pero pronto se irá dando cuenta de que esos cambios provocan un mejoramiento en su vida.


Pero para acceder a la verdadera transformación es necesario que el aspirante consiga una purificación de los cuerpos densos que conlleve una mayor presencia de los cuerpos sutiles. La autorrealización es la alquimia por la cual la densidad se transforma en sutilidad,  por lo tanto suceden una serie de modificaciones metabólicas en el cuerpo físico y vital, control de las emociones en el cuerpo emocional y bienestar mental, que se manifestará en menos apego emocional y pensamientos más positivos con una conciencia más elevada.


Es necesario que a través de la práctica del yoga el aspirante vaya limpiando los cuerpos inferiores. Si no hay limpieza no se puede acceder a la luz. Sin luz no hay una transformación real. El principal trabajo del aspirante es pues mantener sus cuerpos limpios. En nuestra vida nos vamos cargando de acciones, pensamientos y sentimientos que provocan una densificación de estos cuerpos, es el polvo de la vida en la objetividad (mundo exterior). Cuando una ventana está llena de polvo no deja pasar la luz. Así mismo cuando nuestro vehículo (cuerpos inferiores) está lleno de “polvo” no puede transferir luz.


Las meditaciones grupales aportan una gran limpieza “a fondo”, que no es posible realizarla a nivel individual. Esa limpieza profunda permite acceder y asimilar luz, la luz que posibilitará la transformación espiritual. De ahí la importancia de las meditaciones grupales. La práctica individual es para mantener “el vehículo” en condiciones para aprovechar el trabajo grupal y poder alcanzar la mutación al estado de yoga.

Sadânanda 









Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Diciembre 2012




Tenemos que ser indulgentes con nosotros mismos en nuestro proceso evolutivo, si no nos sentimos satisfechos con nuestra práctica o con algunas respuestas a las circunstancias que nos importunan, si consideramos que no avanzamos, si sentimos que cometemos errores, y aun considerando que no estamos al nivel que nos gustaría, uno no debe nunca decepcionarse consigo mismo/a. En realidad quien se desilusiona, quien ve equivocaciones y fallos, quien considera que no estamos a la altura, es nuestro propio ego, él es quien nos lleva al desánimo.  Hemos de  aceptar que  cometemos equivocaciones, pero inmediatamente después de reconocerlas, aceptarlas y tener el propósito de no repetirlas, debemos situarnos en conexión con nuestro interior.  Porqué más allá de los errores, que desde nuestra personalidad  cometemos, debe prevalecer la voluntad y el impulso de nuestra Alma.

Tenemos que saber discernir y ser determinantemente regulares en nuestro “caminar”  para superar fácilmente las posibles negligencias.

Lo Divino no juzga, ni culpa, ni rechaza, sólo espera que nos levantemos y continuemos nuestro camino hacia Él. Cuando los niños aprenden a ir en bicicleta y se caen, sus padres no les chillan, ni les culpabilizan, ni les rechazan, ni les desaniman. Todo lo contrario, les siguen enseñando pacientemente y con mucho amor les exhortan a continuar y a no darle importancia a las caídas, valorando y priorizando los pequeños avances adquiridos en su proceso.

   Sadânanda 

 



Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Noviembre 2012

Muchas personas se sienten atraídas en un principio por el yoga pero cuando se dan cuenta que hay que practicar las enseñanzas con regularidad y constancia, se cansan y su entusiasmo inicial va disminuyendo.


Cuando se trata de leer y escuchar o hacer alguna práctica, van manteniendo su contacto con el yoga, asistiendo a alguna meditación, conferencia o curso, siguen leyendo libros y hay, incluso, quien se aprende las enseñanzas (intelectualmente), gustan de ciertas prácticas que no conlleven demasiada implicación. Pero con el tiempo descubren que el camino se hace caminando,  entonces unos abandonan y otros continúan con interrupciones, períodos de tiempo más activos y períodos de tiempo inactivos, con lo cual su proceso no es ascendente.


Por lo general  les asusta el compromiso, la mente les hace creer que serán menos libres si se comprometen con un camino, les hace creer que es mejor no encerrarse en un camino y ser personas “abiertas”. Siguen el concepto de libertad que les dicta la mente desde la objetividad, sin darse cuenta que esa libertad les ata más al mundo material y por ello no logran mejorar ni encontrar esas soluciones o cambios anhelados des del comienzo. Entienden el compromiso como obligación y eso les incomoda. No obstante sólo hay que observar a nuestro alrededor para percibir que la existencia está formada de compromisos. El compromiso es cumplir con nuestro deber  o responsabilidad existencial. El Sol es una entidad que tiene su compromiso con el sistema Solar para que funcione, Si el no cumpliera con su compromiso con los planetas, ¿qué ocurriría?, Nosotros tenemos nuestro compromiso con nuestro cuerpo y lo mantenemos en vida dándole alimento y cuidándolo, ya sabemos que ocurre cuando ese compromiso o deber no se cumple.


Estamos plenamente comprometidos, voluntaria o involuntariamente, con nuestra  personalidad y somos sus más fieles servidores. ¿Pero qué ocurre con nuestro compromiso con el alma? ¿Por qué no trabajamos con el alma y la ayudamos a manifestarse, como es su pleno deseo?

  

       Sadânanda








Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Octubre 2012







La paciencia es muy importante para todo aquel que sigue el camino de la verdad.  Cuando incurrimos en el aspecto contrario, la impaciencia, tendemos a equivocarnos y a escoger caminos erróneos porque provocamos que las cosas no fluyan como debieran, rompiendo procesos que seguían su curso. La impaciencia corta el desarrollo y la germinación de las cosas iniciadas, no dejando que el auténtico fruto salga a la luz. Esta (la impaciencia) surge del deseo y del ansia de recompensa.


La paciencia se consigue cuando nos centramos en el aquí y ahora, viviendo en nuestro más estricto presente con la debida consciencia espiritual, entendiendo el verdadero sentido de cada acto, pensamiento y palabra que manifestamos. Nuestras prácticas espirituales son las mejores herramientas para cuidar el jardín de nuestra vida.


Krishna nos dice en el Bhagavad Gita  que no busquemos los resultados, que no realicemos actos  pensando sólo en el resultado y apegándonos a él, porque fracasaremos en nuestro avance evolutivo. El yogui es aquel que practica silenciosamente, sin desfallecer, con vehemencia y, vive en y desde la Consciencia.


 Sabemos que la semilla germina y florece si se la cuida debidamente.  Si plantamos en nuestros corazones  la semilla del yoga, la semilla del amor, la semilla de la tolerancia y comprensión, la semilla de la voluntad, la semilla del conocimiento, etc. tenemos que cuidarlas diariamente regándolas con el “agua” de la devoción y  la meditación, cortando las malas hierbas mediante la sabiduría y la conexión con el Yo Soy.   Ello nos garantiza no interrumpir la germinación de nuestras semillas y consecuentemente, cuando sea el momento oportuno, los frutos aparecerán. Ellos llegaran con toda seguridad, pero hemos de estar preparados para saber reconocerlos y estar capacitados para aceptar que esos frutos son la manifestación última de la energía Divina.


Sadânanda



Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Septiembre 2012







La Bhagavad Gita transcurre en un campo de batalla, Krishna enseña el yoga más elevado en ese campo, llamado Kurushetra. Nuestra vida externa es nuestro campo de batalla donde aprendemos sobre nosotros y  acerca de todo lo que nos envuelve. Es el espacio donde experimentamos la Vida, su sentido y significado. Se trata de saber como desenvolverse intentando no ser “heridos de muerte”. El yogui es, en cierta manera, un guerrero por su capacidad de superar los conflictos y las adversidades, su armas son el conocimiento y la sabiduría aplicadas en las acciones; su escudo es su alineamiento. No hay enemigos, sólo obstáculos que vencer para que maduremos y avancemos en nuestro viaje existencial.

Por lo tanto no podemos huir del espacio vital en que nos toca vivir, y refugiarnos lejos de nuestro campo, ello puede llevarnos a dejar cosas pendientes para nuestra próxima vida donde también tendremos nuestro campo de batalla particular. Si Arjuna no hubiera ido al campo de batalla no habría recibido las enseñanzas de Krishna y hubiera necesitado muchas vidas más para conseguir lo que  obtuvo en esa encarnación. El buen guerrero nunca se esconde, y se enfrenta, sin lamentos ni quejas,  a todo aquello que el destino le confiere, ya que todo tiene su razón de ser y forma parte del plan del viaje.

Que nuestras acciones y decisiones no nos lleven a eludir y evitar las realidades con las que hemos de convivir, aceptar, fraternizar y trascender.

La lucha del yogui es mediante la destreza y la habilidad de transmitir luz donde no la hay, en eso radica su éxito.

 Sadânanda





           Articulo publicado en el Boletin del Satyam Group, Julio-Agosto 2012










El proceso evolutivo del ser humano es un proceso dinámico, continuado sin interrupciones. Para que el agua llegue al río tiene que ir descendiendo sin parar hasta llegar al mar, donde se funde con el océano. Si el agua se detiene puede quedar estancada y pudrirse, o puede que sea absorbida por la tierra.


En ese fluir incesante el agua se mantiene viva, es a través del movimiento que va adquiriendo su cualidad y sintoniza con su destino final.


Similarmente el camino espiritual requiere que el aspirante se mantenga activo en su trabajo para ir creciendo en su desarrollo. La actividad (espiritual) le mantiene “vivo” en su viaje hacia el espíritu, cuanto más avanza más actividad realiza desde la subjetividad, y a la vez  va adquiriendo más entusiasmo, motivación y gozo, debido a los reajustes que se van dando en sus distintos cuerpos.


Pero si el aspirante va interrumpiendo su proceso durante un determinado tiempo, olvidando sus actividades espirituales, este sufre un receso. Consecuentemente, cuando continue su camino, tendrá que soportar un esfuerzo adicional para volver al nivel en el que lo dejo.   


Al llegar a estar  conectado con su alma y con la energía divina, el discípulo recibe la fuerza, luz y el poder necesarios para seguir cumpliendo con su responsabilidad (en la objetividad y en la subjetividad) y mantenerse como un instrumento del Plan Divino.

Sadânanda








          Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Junio 2012








La sabiduría nos ofrece una gran enseñanza, conocer nuestro verdadero Ser, saber quién somos en realidad. Esa es la mayor riqueza que el ser humano puede obtener, llegar a experimentar el YO SOY, conseguir quitarse la máscara de la irrealidad y la apariencia externa y permitir que aflore nuestra consciencia Superior. Es un objetivo accesible para cualquier persona, así a lo largo de la historia, lo han demostrado multitud de aspirantes que han llegado ha experimentar la luz, la dicha y la paz de conectar con el Yo Soy. Multitud de aspirantes han logrado la maestría.


Sólo tenemos que aplicar esas enseñanzas en nuestra vida, compartir ese trabajo con otras personas que esten en el mismo proceso y  estar dispuesto a asumir los cambios.  





La mayoría de las personas dedican sus vidas a desarrollarse en el mundo material y cuando se sienten defraudadas, o cansadas de lo que les toca vivir, se quejan, se indignan, se enojan, culpando al mundo de sus decepciones. Entonces algunas de esas personas  buscan refugio en el camino espiritual o en el ámbito de lo que se llama autoayuda. Sin embargo, una parte de esas personas se vuelven consumidoras de espiritualismo o técnicas terapeuticas y/o sanadoras, sin comprometerse seriamente en su proceso, y van deambulando por distintos grupos, filosofias, maestros, terapias, etc. Una parte encuentran gran placer y disfrutan de los aspectos externos de las distintos senderos, otros entran en el aspecto psico-emocional que ofrecen algunas terapias con la buena intención de superarse a sí mismos. Pero aún así no consiguen alcanzar el nivel que han logrado los discípulos. 


Los que tengamos la suerte de estar en  el camino de la  sabiduría, recibiendo la luz de las enseñanzas y nos encontremos bajo la tutela de un Maestro, tenemos que ser conscientes y sensibles a esa fortuna que nos está siendo ofrecida y derramada. No perdamos esta oportunidad.


Los verdaderos aspirantes no se excusan en el: ”no tengo tiempo”, “no tengo dinero” “las responsabilidades familiares no me permiten...” “mi situación laboral...” “mi pareja...”, etc. El aspirante siempre encuentra tiempo para dedicar a su alma, le llega el dinero para utilizarlo en beneficio del alma, siempre tiene motivos  para realizar su trabajo interior, se le ofrecen oportunidades para su desarrollo espiritual, etc. 


Para conseguir que nuestra encarnación sea exitosa debemos encontrar el Yo Soy en nosostros, vivir desde el  Alma, y tenemos que poner nuestra vida al servicio del espiritu.  Sólo entonces habremos aprovechado esta vida.

        Sadânanda





                  Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Mayo 2012











Todo ser humano buscar y persigue la felicidad, todo lo que hace lo realiza en aras de conseguir  felicidad. Si busca pareja es para ser más feliz, si quiere conseguir un buen empleo bien remunerado es para ser más feliz, si compra un piso, casa, coche... es para ser más feliz, si compra determinado tipo de ropa es para sentirse más feliz, en sus hobbies espera encontrar felicidad... y así todas sus actividades. No obstante, a pesar de lograr y disfrutar de esos bienes, posiciones, poder, placeres, etc... sólo se obtiene, en el mejor de los casos, una “felicidad” momentánea y efímera, pero no la felicidad deseada. 


Cuando vive en la subjetividad el ser humano busca la felicidad a través de los cuerpos inferiores, complaciendo al deseo, a los sentidos, al orgullo, a la vanidad. Concediendo a la mente, los sentidos y el cuerpo sus demandas y viviendo bajo su poder.


Al nacer el hombre olvida su verdadera identidad y el propósito de su nacimiento. Crece autoafirmándose con todo aquello que los sentidos perciben y crea su nueva identidad, alejándose de su auténtico Ser.


En consecuencia su vida se desarrolla y adquiere la dimensión que dictamina aquello con lo que se identifica. Continúa aprisionado en los ciclos de nacimiento y muerte. 


Pero, ¿en qué consiste la felicidad? En encontrar el verdadero sentido de la existencia, su auténtica finalidad y significado. Para ello debe alcanzar el estado de autoconsciencia implícito en cada Ser humano. Su estado puro de existencia. Es sólo cuando se vive desde el Alma que la vida recobra ese  verdadero sentido, la verdadera razón de la encarnación en este mundo. Entonces todas las actividades  de la vida toman un nuevo sentido más allá de la forma, más allá de la apariencia externa, ya sea en el ámbito profesional, familiar, social, mental, etc. 



Sadânanda






Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Abril 2012   











La energia sigue al pensamiento, por lo tanto debemos ser cuidadosos con el tipo de pensamiento que generamos, ya que estos determinaran nuestro comportamiento y la cualidad de nuestra vida. Cuando nuestros pensamientos son de caracter positivo nuestra energia es sutil y fluida y atraemos situaciones, personas y cosas en sintonia con la energía que nos envuelve,  pero cuando nuestros pensamientos son de caracter negativo nuestra energía es densa y dispersa, y atraemos personas, cosas y situaciones  del mismo nivel vibratorio, y en consecuencia, nuestra vida no es satisfactoria.  En cierta manera, somos nosotros mismos los que creamos, con nuestra manera de pensar, nuestro presente y nuestro futuro. Tenemos el poder de modificar nuestra realidad si somos capaces de cambiar nuestros pensamientos, nuestra manera de ver el mundo y la forma de vernos a nosotros mismos. Hay pensamientos que estan profundamente enraizados en nuestra mente y de los cuales no somos conscientes, pero sin embargo tienen una gran influencia en nosotros, de ahí que a veces no entendamos porqué nos ocurren ciertas cosas. No obstante,  podemos reprogramar nuestra mente y utilizar su poder para desarrollar el nivel vibratorio que provoque el cambio deseado. Para ello ayuda el relacionarse con cierto tipo de personas, el frecuentar lugares de un alto nivel vibratorio, leer sabiduría,  vivir el presente plenamente, alinear el pensamiento con nuestro ser, etc.


Las invocaciones y los mantrams cuando se pronuncian con la debida consciencia transforman la energia y los pensamientos, y nos situan más allá del ego.


Determinación y paciencia son las cualidades que necesitamos para que los cambios se materialicen.
Sadânanda






                 



 Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Marzo 2012  











Como aspirantes deberíamos tener muy presente el poder del sonido y por lo tanto dela pronunciación y recitación de los mantrams.


Aunque hay muchos tipos de mantrams los más conocidos en la sabiduría del yoga nos llevan a una conexión con las energías divinas.


Los yoguis conectaron y experimentaron los sonidos que corresponden a los distintos niveles de conciencia superiores hasta alcanzar la conciencia Divina. También experimentaron que el sonido se utilizaba para construir, destruir y crear. Los efectos de los sonidos y por lo tanto de los mantrams, son tan poderosos que hasta hace relativamente poco tiempo los maestros solo transmitían estos mantrams a los discípulos verdaderamente preparados.


Cuando pronunciamos correctamente los mantrams ellos nos ayudan a purificar nuestros cuerpos inferiores y nos sitúan a nivel del alma. Si pronunciamos los mantrams de forma mecánica y sin prestar mucha atención, nos situamos en el ámbito exotérico, con lo cual no experimentamos realmente su potencial e incluso podemos obtener un resultado opuesto al que le correspondería, no podemos ser negligentes con su noble propósito.


Para conectar con el poder del mantram es imprescindible que la mente este centrada en la debida pronunciación, el cuerpo este dedicado a escuchar esa pronunciación y dejar que sus vibraciones nos sintonicen con los aspectos sublimes que representan. No hay que tener prisa, es necesario que se escuche cada sílaba, su entonación y seguir un ritmo. Cuando pronunciamos un mantram en silencio, tenemos que situar la lengua en el paladar superior sin tocar los dientes. Recitar interiormente el mantram sin movimiento de la lengua y escucharlo con atención. También podemos visualizar el símbolo del mantram para que la mente este más centrada.


Es recomendable que antes de recitar cualquier mantram se cante el OM, 3, 5 o 7veces y luego se empiece con el mantram escogido.


 Sadânanda





    










                               Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Febrero 2012













La vida real se desarrolla en el presente, nuestras virtudes y nuestras potencialidades se manifiestan cuando vivimos en el presente. Cuando nos situamos en el pasado o en el futuro facilitamos que surjan nuestros miedos o nuestras ilusiones, permitimos que los pensamientos predominen en nuestras mentes y que las emociones condicionen nuestros actos y, por lo tanto, nos alejamos de la realidad que nos rodea y nos distanciamos también de nuestra propia experiencia de quien somos.


Más allá de nuestro dolor... existe una realidad, más allá de nuestros éxitos... existe una realidad, más allá de nuestra manera de ver el mundo y de vernos a nosotros mismos... existe una realidad, esta Realidad se manifiesta cuando nos establecemos en el “aquí y ahora”.



Vivir en el presente quiere decir que hemos desarrollado una gran capacidad de atención y que nuestra consciencia está más despierta, con lo cual podemos apreciar y percibir la belleza de la existencia que emana de las formas, acciones y seres, podemos también recibir los mensajes que se revelan a través de las múltiples vivencias y sucesos de cada día.




   Sadânanda








                     Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Enero2012

















Comienza un nuevo año con una  contundente  crisis en una gran parte de nuestro planeta. Es una importante crisis en el ámbito de la objetividad. Cuando ocurren estos períodos hemos de saber interpretarlos: como la impetuosa necesidad de reflexión y también estar preparados para los cambios venideros. A lo largo de nuestras vidas estamos expuestos a diversos cambios, la vida en sí es un constante cambio y tenemos que estar preparados para ello.


El hombre común generalmente no quiere realizar tales cambios y sólo desea que la crisis pase para volver a estar, como mínimo, como antes (desde el punto de vista material), o preferiblemente mejor.


Esta crisis nos demuestra que recogemos los actos de lo que hemos ido creando y expandiendo. Al margen de culpar de esta situación a bancos, mercados y multinacionales, nosotros somos responsables de nosotros mismos y de cómo afrontamos nuestra relación con la crisis.


Seamos pues capaces de instaurar en nuestra vida la sencillez, la simplicidad la humildad, centrémonos en lo esencial de la vida y sabremos navegar por esta marea de inestabilidad material. Reaccionemos desde nuestro equilibrio interior, sigamos adelante desde la consciencia Una.


Cuando nos instalamos en la abundancia, nos alejamos de nuestro Ser y lo que es peor hace que nos olvidemos de los demás, nos cobijamos en una burbuja donde sólo vivimos para nosotros y nos separa de la realidad que nos rodea.


Para vivir con dignidad hace falta estar bien con nosotros mismos, este es el poder que nos puede impulsar hacia un nuevo cambio.



                    Sadânanda


    











Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Diciembre 2011.














Hay que saber fluir en la vida para poder estar en ella plenamente, ello significa llegar a comprenderla y aceptar todos los acontecimientos que nos rodean. Fluir es nadar en el océano de la vida siguiendo la corriente, no en contra de ella. Cuando nuestros deseos se imponen o cuando nuestras ideas y valoraciones mentales se imponen dificultan ese fluir. Seguir la corriente de la vida es adaptarse a las cosas que nos llegan y a las cosas que no nos llegan, es la aceptación de lo que se nos da sin desear nada más ni nada menos. Nada es casual, todo es causal.


Todos los acontecimientos que nos toca vivir y los que no viviremos nunca, tienen una razón, un motivo por el cual nos llegan o por el cual nunca tendremos una determinada experiencia. Lograr entenderlo nos sitúa en el trasfondo de las actividades externas y nos permite gestionar nuestra vida debidamente. 


La comparación es un gran obstáculo que complica nuestro saber fluir, genera tristeza, envidia, deseo, espejismo, orgullo. En vez de mirar a nuestro alrededor externo tendríamos que mirar el aspecto profundo de las cosas. 


No somos seres programados pero tenemos una trayectoria a seguir en el ciclo de una vida como seres humanos y debemos cumplimentarla de la manera más completa posible.


Ver la “mano del Maestro” o  “la razón divina” en todas las cosas que nos suceden, es la visión sublime del Discípulo.





Sadânanda





   

Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Noviembre 2011.
     
Los médicos a menudo comentan, que en general somos malos pacientes porqué siempre buscamos la terapia que nos exige menos esfuerzo, preferimos la pastilla a seguir los consejos médicos que requieren cambios en nuestra alimentación y hábitos de nuestra vida  para que nuestra salud mejore.
  Algo similar ocurre con algunos aspirantes espirituales, buscan aquel camino que les exige menos dedicación y anhelan una transformación con técnicas o métodos que se ajusten a sus gustos y maneras de vivir su vida. Ansían encontrar la poción mágica que les liberará sin más. Tal como el druida Panorámix ofrecía un brebaje que proporcionaba una fuerza sobrehumana a todo aquel que lo bebiera como nos cuentan las historias de Asterix y Obelix.
Entonces van tanteando distintas sendas, distintos maestros, van deambulando de aquí para allá, sin seguir ningún camino concreto o escogiendo aquello que les agrada y complace de cada maestro. Según ellos, lo mejor de cada uno, sin embargo, la realidad es que escogen y siguen lo “mejor” para sus deseos y mentes, obteniendo su “brebaje” personal. Algunos con el tiempo se dan cuenta que no han conseguido el cambio que buscaban y al final se sienten vacios, otros se sumergen en la objetividad defraudados.
Si queremos mejorar nuestra “salud” espiritual, si de verdad deseamos la transformación a seres más completos, debemos seguir fielmente un camino, un maestro. Ello no quiere decir que no escuchemos otros maestros y aprendamos de otros senderos. La luz del conocimiento siempre nos ayuda, venga de donde venga. Pero al seguir un camino (y a sus emisarios) con sinceridad, vehemencia y determinación este nos lleva a nuestro destino. Si a cada dos pasos cambiamos de camino nunca llegamos al final. Cuando seguimos fielmente a un maestro (o representante) y cumplimos con sus instrucciones y enseñanzas, este hará todo lo posible para que evolucionemos.
Sadânanda

Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Octubre 2011

En la objetividad, la vida (actual) es exigente y todo el sentido de las cosas que realizamos se fundamenta en los resultados. Nos hemos acostumbrado a valorar las cosas según se consiguen los resultados previstos o deseados.
Esa búsqueda hacia esos resultados provoca la competitividad y la comparación. Ello nos lleva a la envidia, el odio, el rencor, la frustración, etc. y sin darnos cuenta nos sumergimos en un ámbito de negatividad y desequilibrio interno.
Ese “hábito” de valorarlo todo según los resultados lo trasladamos al mundo de la subjetividad (mundo interior), y ese es el gran error del aspirante. En el aspecto espiritual las acciones tienen sentido y valor en las mismas acciones, no en lo que hemos alcanzado con ellas.
En la objetividad lo que realizamos para conseguir el objetivo carece de valor porque solo importa el objetivo final. En la subjetividad es al contrario, cada pequeña acción es sumamente importante y el practicante fluye en la corriente espiritual que deviene en su vida cotidiana en cada pequeña acción o pensamiento.
Otro inconveniente cuando buscamos resultados en la subjetividad, es que estamos tan preocupados por ese resultado que somos incapaces de percibirlos. Todas las acciones en el terreno espiritual que realizamos tienen su “resultado”, pero desde nuestros sentidos y desde nuestra mente no podemos percibirlos.  Solo desde el corazón se pueden percibir. Pero para llegar al corazón hay que estar en la subjetividad, desde el Ser.
Sadânanda 

Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Setiembre 2011.   
El hombre aún cree que la acumulación de información en su cerebro es igual a adquisición de sabiduría. Sigue obstinado en aprender datos y datos pero ignora que a corto plazo toda esa aglomeración de información le lleva a la confusión y lo aleja del autentico conocimiento espiritual, dado que el hecho de almacenar y registrar cantidades de datos no significa adquirir el verdadero saber.
El hombre disfruta expresando, manifestando y parloteando sobre los conceptos aprendidos. Entonces buscan personas que le den esa información sin valorar si esas personas tienen ese saber  integrado en sí mismos, y por otro lado se deleitan devorando libros y libros en la búsqueda ansiosa de conocimiento intelectual.

Pero hemos de saber que si aprendemos, por ejemplo, todo sobre la manzana a nivel teórico, pero nunca comemos una manzana, la realidad es que no sabemos exactamente que es una manzana, por mucho que podamos hablar sobre ella.

De la misma manera también acumulamos informaciones visuales, visitamos lugares donde sólo nos fijamos en lo “bonito” que es el lugar (siempre bajo la influencia de lo que nuestra mente considera algo bonito y bajo el concepto subjetivo de belleza), sin experimentar realmente lo que ese lugar y las cosas que hay en ese lugar nos ofrecen a nivel vibratorio y/o energético.

La verdadera sabiduría surge de la experiencia y los conceptos e informaciones teóricos nos ayudan a llegar a esa experiencia. En esto radica el aprendizaje, en experimentar lo aprendido.

Una vez un maestro hindú tenía una discípula occidental y viendo el afán de aprender de su discípula comento: La señora B... está tan ocupada en aprender que no tiene tiempo para aprender.

La personalidad busca acaparar la información, el Ser reclama la experiencia.
Sadânanda 



 Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Julio 2011.   
   
"Para las personas que siguen el camino del yoga la sencillez es una gran cualidad que se va adquiriendo a medida que se va avanzando y progresando en el sendero. Con el tiempo la vida del practicante se vuelve más simple. Pensamientos, actos, entorno, alimentación, vida social, gustos, hábitos... se simplifican. El ego, por la sencilla razón de que cree que el mundo gira en torno a sí mismo, es complicado y siempre está inmerso en dificultades porqué su visión es limitada y unidireccional, necesita gran cantidad de cosas, materiales y emocionales, para sentirse vivo y satisfecho.

Cuando alguien se sitúa en el corazón y vive y se manifiesta desde este centro su percepción del mundo y de la realidad que le envuelve adquiere otra dimensión. Ello muestra que en tal persona ha habido una importante transformación. Desde ese momento sus  necesidades materiales se reducen, sus escalas de valores cambian,  devienen más simples porque están más plenas,  pueden vivir con desapego porqué se sienten bien consigo mismas y desarrollan el verdadero amor en su corazón. La simplicidad es cuando se necesita poco para vivir. Se desarrolla cuando uno vive desde el Ser, en vez de vivir para tener.
La sencillez es actuar de forma clara, directa y fácil, sin rodeos ni complicaciones, sin miedos. La sencillez y la simplicidad no se imponen, si alguien pretende ser sencillo y desenvolverse con simplicidad, seguramente desarrollará esas cualidades en el mundo externo, queriendo mostrar a los demás esa sencillez y simplicidad autoimpuestas, pero acabará auto-engañándose y obteniendo un efecto antagónico. Sólo cuando mantenemos una correcta alineación de nuestros cuerpos y llegamos a conectarnos con el alma, la simplicidad y la sencillez surgen de forma natural y real."
Sadânanda      
                                             


        Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Junio 2011.   

 El aspirante debe buscar siempre la alineación para intentar mantenerse desde su centro el mayor tiempo posible. Las crisis por las cuales el ser humano pasa de vez en cuando, han de servir para que se dé cuenta que funcionando desde la personalidad obtendrá, más tarde o más temprano, frustración, desilusión, conflicto, desánimo, etc. Cuando servimos a la personalidad a través de complacer sus deseos, aunque sea con buenas intenciones, provoca  debilidad en el ser, y la debilidad limita e incluso corta el proceso evolutivo del ser humano.
 Éste sabe como complacer los cuerpos inferiores porqué es a lo que está acostumbrado, pero también debería acordarse de los resultados de este “servicio” a lo largo de su vida, ¿hacia dónde le ha llevado?, ¿cómo ha sido su vida?, ¿si ha vivido más en la felicidad o en la insatisfacción?
El aspirante siempre debería preguntarse si aquello que hace o piensa es en aras a la conexión con su alma. Desde el alma se vive con una percepción más real de la existencia, todos los impedimentos son superables y los obstáculos se vencen rápidamente. Por lo tanto, la prioridad para el aspirante,  siempre será en favor de su salud y bienestar interior. Una vez cumplidas sus responsabilidades sociales, laborales y familiares, se dedicará a realizar todo aquello y a relacionarse con todas aquellas personas que faciliten su conexión con el alma. Y ello lleva implícito el verdadero servicio, el estudio y llevar a la práctica el conocimiento.
Sadânanda



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        Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Mayo 2011


El pasado día 24 de abril Satya Sai Baba dejó su cuerpo físico. Algunos lo califican como el Avatar de esta época. Es innegable su aportación a la humanidad a través de su vida ejemplar, su dedicación a los demás, sus obras humanitarias, educativas, todas las grandes enseñanzas que ha dejado para la evolución de todos los seres humanos. Desde la edad de 14 años cuando declaró que era una reencarnación de Shirdi Sai, no dejó de trabajar, ni un solo día, para el bien de la humanidadAlgunos compañeros y compañeras de nuestro grupo tuvimos la gran suerte en diciembre del 2007 de recibir dharsan de Sai Baba en su Ashram de Puttaparti. Pudimos escucharle en algunas charlas y ver como realizaba algunas materializaciones. Estuvimos cerca de Él y vivimos la maravillosa atmosfera espiritual de su Ashram y el magnetismo de su presencia.

Sus enseñanzas son claras y directas, con la intención de que aprendamos rápido y reaccionemos lo antes posible ante la influencia material que predomina en nuestras vidas.

El cuerpo físico de los grandes seres deja de existir pero su presencia continúa inspirando a sus seguidores y  ellos siguen trabajando para el beneficio de todos en los planos superiores.

    Sadânanda


Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Abril 2011


Los tres festivales

Las lunas llenas son momentos muy especiales donde la alineación del Sol, la Luna y la Tierra facilita la manifestación de las energías espirituales de manera más cercana. Dentro de esas 12 lunas anuales existes tres de ellas aún más importantes para el aspirante.
Se trata de la Luna Llena de Aries, Tauro y Géminis. Tres lunas consecutivas durante los meses de Abril, Mayo y Junio, donde el trabajo espiritual se intensifica y que afectará al resto del año. A esas tres Lunas se las conoce como Los Tres Festivales: el Festival de Pascua, el Festival de Wesak y el Festival de Buena Voluntad.
Durante el Festival de Pascua en Aries las energías que están más presentes se les llama Fuerzas de Restauración. Son energías que emanan del mental de Dios y están relacionadas con el Aspecto Inteligencia dentro de la naturaleza divina. Es una energía creadora que estimula el intelecto humano, despierta la mente de los seres humanos para que puedan llevar a cabo acciones inteligentes.
En el Festival de Wesak, las energías que se manifiestan emanan del Corazón de Dios, están relacionadas a la comprensión divina y con el aspecto Amor-Sabiduría. Es el momento de máxima bendición espiritual en el mundo. Estimula y vitaliza la aspiración de todos.
Durante el Festival de Buena Voluntad se manifiestan las fuerzas de Reconstrucción. Relacionadas con el Aspecto Voluntad. Son energías de síntesis, constructoras, que otorgan la victoria de la vida sobre la forma y del espíritu sobre la materia. Potencian también, el aspecto de unión entre los pueblos.
Estos tres festivales son celebrados en todo el mundo por los aspirantes y discípulos, de todos los distintos senderos espirituales,  convirtiéndose en los tres festivales de unificación espiritual en nuestro planeta.



Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Marzo 2011

Sadânanda

La disciplina es necesaria para que el aspirante pueda adentrarse en el trabajo y empiece a experimentar su propio avance. En un principio esta es autoimpuesta, pero con el tiempo va convirtiéndose en un hábito.  En este proceso el aspirante se encuentra con la resistencia de la personalidad, que se manifiesta a través del pensamiento y los sentimientos contrarios. Por lo tanto la disciplina ayuda al aspirante a controlar su personalidad consiguiendo que esta  acabe colaborando en su proceso. Cuando la práctica es regular tanto el cuerpo como la mente se habitúan y terminan involucrándose en el trabajo, entonces llegan los cambios y las pequeñas transformaciones.

No obstante, el aspirante tiene que procurar que su práctica no se convierta en una rutina automática y sistemática, debido a que corre el peligro que sea algo totalmente externo y vacio, sin que acontezca la experiencia interna.

En este proceso el aspirante debe  ser tolerante con su mente y sus emociones. Justamente con la practica regular uno aprende a crear distancia entre su verdadero Yo y su personalidad. Por lo tanto no se deja engañar por ciertos pensamientos absurdos sino que permanece impasible desde su centro.

Ya sea en la meditación, la lectura, el canto de mantrams, el servicio, etc. el aspirante tiene que poner su conciencia, para que esa acción se convierta en un acto pleno y no en un simple acto mecánico o físico. El trabajo consciente desarrolla la misma consciencia alcanzando un nivel superior, donde cualquier acto o pensamiento se realiza desde el corazón, sin la  injerencia ni mental ni emocional. 

Sadanânda




Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Marzo 2010

Hay pensamientos parásitos que con el tiempo quedan cristalizados en nuestra mente y de vez en cuando supuran afectando nuestro estado de ánimo. Son cristalizaciones que pueden venir de un pasado lejano o próximo y que cuando se hacen presentes distorsionan la realidad y nos alejan de nuestro centro, desviando nuestra atención hacia una visión desde la objetividad. A veces las emociones están influenciadas por el tipo de pensamientos que tenemos, si pensamos que una cosa es buena estamos contentos, si creemos que la misma cosa es mala nos ponemos tristes o nos enfadamos. Podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío, todo dependerá del tipo de pensamientos que predominen en aquel momento.
Deberíamos tener la capacidad de situarnos en un punto neutro y desde allí ver siempre la opción que más nos puede ayudar a seguir hacia delante y superar los obstáculos que se nos presenten.
Si mantenemos una conexión con nuestro interior esto es posible. Cuando nos encontramos en un estado de ánimo bajo, tenemos que ser capaces mediante la meditación, el silencio, mantrams, plegarias, lecturas etc., de parar los pensamientos que en aquel momento predominan y ver la realidad desde una perspectiva más ecuánime. Entonces recuperaremos la serenidad necesaria para reaccionar adecuadamente. Tenemos que ser observadores de nosotros mismos para conocernos y saber que los pensamientos o sensaciones que nos transmite una visión negativa de las cosas y que nos limitan, siempre son superables desde la subjetividad. Nunca nos llegan adversidades insuperables.

Sadanânda





Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Febrero 2010

El camino de la evolución se debe recorrer paso a paso, acción tras acción, sabiendo que es a partir de los pequeños pasos y pequeñas acciones que el aspirante consigue niveles superiores de conciencia. Krishna dice que no hemos de hacer las cosas únicamente esperando un resultado. Este deseo está supeditado por nuestro ego y condiciona considerablemente nuestras acciones. La acción en el sendero evolutivo es en sí misma la muestra más clara de que estamos avanzando, cada paso hacia delante que realizamos, por pequeño que sea, nos lleva más lejos de donde estábamos antes de realizarlo. Si nos dedicamos a medir la longitud de nuestro paso o la magnitud de nuestra acción y solo nos interesa conseguir unos resultados determinados, perderemos la conciencia y la voluntad que necesitamos para seguir nuestro proceso.
Es necesario pues disfrutar de cada acción, dando a cada acto la importancia y la dedicación que se merecen. Cada acción de buena voluntad hacia los demás, cada acto que nos facilite conectar con nuestro interior y nos acerque al mundo espiritual, nos lleva indudablemente a nuestro pequeño ascenso por los peldaños de la evolución.

Sadanânda




Articulo publicado en Satyam Goup Magazine,  Enero 2010

Saber escuchar es una de las principales características de un yogui. Sravanam es la capacidad y la maestría de escuchar sobre  aquello que nos puede aportar algo útil en nuestra vida.  Sravanam significa escuchar desde el corazón, y no desde la mente o de los sentidos. Esto quiere decir que cuando uno escucha sobre sabiduría, o sobre las historias de los grandes Seres, estas palabras resuenan de forma especial en nuestro interior, dándonos pautas y claves para avanzar.  Cuando escuchamos desde la personalidad podemos pensar que lo que escuchamos ya lo sabemos o que ya lo hemos oído otras veces y por tanto creemos que no es necesario poner demasiada atención en aquellas palabras.







         Sadânanda

Sin embargo esta actitud provoca que no obtengamos repercusión interna, ni nos aporte ningún tipo de luz, ni inspiración.

El yogui sabe que existen palabras en la cuales no hay nada más al margen de su significado, pero que cuando escucha fragmentos de libros sagrados o sobre el conocimiento universal, esas palabras tienen un enorme contenido.
Saber escuchar sobre  sabiduría nunca cansa al alma sino todo lo contrario, le da vida y la nutre. Pero sin embargo puede aburrir considerablemente a la mente y al ego.

   Sadânanda 

Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Diciembre 2009

Vivimos en el mundo de las apariencias. Muchas personas quieren dar una “imagen” determinada sobre ellos mismos en lugar de mostrarse tal y como son realmente, esto les lleva a vivir una vida basada en el engaño, que con el tiempo les traeran más tristezas que alegrías.
Nos valoramos de acuerdo a unos modelos que la sociedad estipula y nos identificamos con aquellas características personales que hemos ido forjando a lo largo de nuestra vida, según los atributos que nos han llegado desde fuera. Las ideas sobre lo que somos son siempre circunstanciales y representa nuestro aspecto externo. Por tanto, no nos tendría que afectar hasta el punto de condicionar tanto nuestra felicidad y comportamiento.
El yogui debe saber diferenciar entre lo que realmente es y lo que tiene. Lo que somos forma parte de nuestro mundo interior, llamado subjetividad: este es perenne. Lo que tenemos, forma parte de nuestro mundo externo, llamado objetividad, este es efímero.
Nuestro trabajo consiste en entrar en la subjetividad para poder comprender la objetividad y saber como relacionarnos con ella. Es necesario vivir la objetividad desde la subjetividad.
Entrar en la subjetividad quiere decir vivir desde nuestro centro, el Yo Soy, desde donde nos conectamos con nuestro potencial, desarrollando buena cualidades y experimentado la verdadera felicidad.
    Sadânanda 


Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Noviembre 2009


Gracias a los Maestros los discípulos pueden llegar a experimentar lo divino durante su proceso evolutivo. Los Maestros, a través de sus enseñanzas, palabras, consejos, actos, presencia, cantos, gestos, etc. nos ayudan.
Para ser discípulo hay que seguir el sendero del Yoga con vehemencia y determinación, y seguir las enseñanzas de los Maestros sin reservas. Ello no significa que el discípulo acepte ciegamente las enseñanzas, sino que debe ponerlas en práctica para darse cuenta de su verdadera magnitud y comprobar, desde su evidente avance, como le estan ayudando. Pero cuando la mente lógica, bajo la influencia de la personalidad, cuestiona estas enseñanzas poniéndolas en duda o no aceptándolas, esta actitud  aleja al discípulo del verdadero aprendizaje.
Hay varias maneras de tener relación con los Maestros:
-        En el mundo físico: con un Maestro con cuerpo físico, manteniendo una relación sea en la cercanía física o en la distancia.
-        En el mundo sutil: con un maestro que no se encuentre encarnado en el mundo físico.

En cualquiera de los dos casos, debemos mantener una relación directa con el Maestro/a desde nuestro corazón. Solo así los Maestros pueden darnos las energías divinas, guiarnos y protegernos.
Sadânanda



Artículo publicado en Satyam Group Magazine, Octubre  2009
El aspirante tiene que ser humilde; esta virtud es la que le dará la posibilidad de aprender. Si es capaz de neutralizar la mente y aparcar todo aquello que le condiciona (pensamientos, ideas, conceptos, etc.) podrá absorber los conocimiento  que transmiten los que saben. En caso contrario le será muy difícil el aprendizaje: será como querer llenar una botella con el tapón puesto.

El que es humilde se  acepta tal y como es, con sus limitaciones y sus potencialidades, y no está sometido a  ningún tipo de apego. Es en definitiva, una persona libre. Aquel que cree saber se limita y se subordina a su personalidad. La humildad nos da una mente abierta y la capacidad de escuchar y entender el conocimiento que nos llega. También desarrolla la habilidad de captar los mensajes y enseñanzas que los maestro dan mediante las palabras, gestos, miradas, sonrisas, etc. Cuando el aspirante es humilde, los maestros pueden trabajar con él e impregnarlo de la luz que ellos transmiten, pueden realizar los cambios necesarios en su cuerpo, facilitar la transformación y hacer que su vida vaya en la correcta dirección. Los maestros pueden purificar la mente y hacer que el aspirante conecte con su alma. La humildad es una cualidad imprescindible e indispensable para ser un buen aspirante.

Sadânanda 



                                               
Artículo publicado en Satyam Group Magazine,Septiembre 2009
 



Cuando actuamos desde la personalidad las vibraciones con las que nos movemos son densas y provocan que las energías no fluyan adecuadamente, creando cristalizaciones energéticas que dificultan la circulación pránica y vital. Esto tiene consecuencias en la forma de pensar, sentir y actuar. Hasta tal punto que va creando con el tiempo un malestar  en nosotros mismos y en nuestro entorno, dificultando las relaciones con los demás, aunque en un principio no nos demos cuenta. La personalidad siempre se mira a si misma, es interesada y personal, esto origina un desequilibrio. Las personas con una cierta sensibilidad entran en conflicto entre su yo interno y externo, porque sienten que desde su interior, si yo auténtico les dice algo diferente a lo que la mente y los sentidos están dictaminando bajo la influencia de su yo externo. Cuando podemos sentir desde el alma, experimentamos momentos de gran lucidez y claridad, porque nos hemos alejado de la personalidad. Cuando aprendemos desde la personalidad, creemos aprender, creemos saber, creemos entender. Cuando tenemos que aplicar lo aprendido, resulta que no sabemos hacerlo y nos sentimos incapaces de superar las dificultades. La personalidad es muy sutil, hábil y convincente. Hay veces que incluso se llega a disfrazar de aparente espiritualidad, altruismo y tolerancia.

Debemos conocer en profundidad nuestra personalidad y cuidar sus necesidades, y desde este punto no dejar que ella dirija nuestra vida, sino establecer una amistad que nos permita actuar desde la personalidad cuando sea conveniente y desde el alma cuando sea necesario.

Cualquiera que quiera seguir el camino del yoga ha de ser gran observador y mantener la conciencia despierta para lograr el equilibrio necesario. Es imprescincible que cada día realicemos actividades que nos aporten armonía y interiorización. Esto lo podemos conseguir a través de la lectura, un mantram, un rato de silencio, un ritual, música o realizando las cosas más básicas con una actitud correcta

Sadânanda 





Artículo publicado en el Satyam Group Magazine, Agosto 2009 

La actividad del pensamiento es constante y persistente hasta tal punto que llega a desbordarnos, influenciando considerablemente nuestras decisiones, preferencias, maneras de ver las cosas, etc.Si sabemos mantenernos en nuestro centro, el pensamiento pierde su fuerza seductora y permanece en la periferia de nuestro ser;  entonces se reduce en gran medida su capacidad de influenciarnos y no nos afecta o afecta mínimamente nuestro campo de acción o decisión.Estar en nuestro centro es como disfrutar de una estructura personal sólida (de hormigón) sin embargo cuando no estamos en nuestro centro nos sostenemos en una estructura personal débil (de papel). Cuando tenemos una estructura débil  somos susceptibles de ser demolidos a la mas minina inclemencia, mientras que si tenemos una estructura sólida podemos hacer frente a cualquier tipo de incidente.Para llegar a nuestro centro necesitamos superar la identificación física, la influencia emocional, la rigidez mental y situarnos en el corazón. Por esto necesitamos la meditación y seguir unos hábitos yóguicos. 

Sadânanda